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Recicladores de base de Ñuble destacan el impacto de su labor en la gestión de residuos

Mauricio Ulloa

Con 17 años dedicados al reciclaje, Rolando Riquelme (52) ha sido testigo directo de la evolución de un oficio que, según dice, pasó de ser invisibilizado a convertirse en un actor clave en la gestión de residuos. Hoy lidera la Asociación de Recicladores de Base de Ñuble, organización que se formó en 2022 y que actualmente cuenta con 39 socios, de los cuales cerca de 20 se mantienen activos.

Su historia en el rubro comenzó casi por casualidad. “Siempre me llamó la atención porque había mucho material botado en todos lados”, recuerda. Fue una conversación con un adulto mayor la que terminó por impulsarlo a dedicarse de lleno a esta actividad. “Me dijo que podía aprender con él, y me lancé. Gracias a Dios me ha ido bien”, comenta el chillanvejano.

Desde entonces, no solo se ha dedicado a recolectar, sino también a organizar este oficio, es por eso que durante años insistió en la necesidad de formalizar el trabajo de los recicladores.

“Siempre les decía a mis colegas, hagamos un sindicato de recicladores, veamos cómo podemos legalizar a los recicladores de base. Tuve la suerte que llegó la Fundación El Árbol a tocar a la puerta de mi casa, y ahí partió todo. Después llegó un dirigente de Ovalle que me invitó a Santiago a participar en la reunión anual de los recicladores de base a nivel mundial y ahí conformamos la Agrupación de Recicladores de Base de la Región de Ñuble”, explica.

La organización ha crecido y diversificado su trabajo, si bien comenzaron recolectando chatarra, hoy incorporan vidrio, cartón, papel, nylon y botellas PET.

Rolando también impulsó la creación de la Cooperativa de Trabajo Reciclaje y Gestión Ñuble Limitada, que actualmente mantiene a cinco socios activos y presta servicios a empresas, como ReSimple, a cargo de la gestión de residuos domiciliarios de Chillán, a través de un centro de acopio y retiro de reciclaje “puerta a puerta”.

Su jornada comienza temprano, a las 9:00 horas inician rutas por distintos sectores de Chillán recolectando sacos amarillos, destinados al reciclaje domiciliario, labor que se extiende hasta cerca de las 15:00 horas. Luego, continúan con tareas vinculadas a la cooperativa.

Pese a los avances, los desafíos siguen siendo importantes. Uno de los principales problemas, señala, es la baja cultura de reciclaje en algunos sectores. “En el centro de Chillán, dentro de las cuatro avenidas, sacamos muy poco. La gente no recicla o no sabe cómo hacerlo”, afirma. A esto se suma la falta de información, incluso entre recolectores de basura, quienes en ocasiones retiran por error los sacos destinados al reciclaje.

“Los compañeros o los colegas recolectores de basura saben que el saco amarillo no se lo pueden llevar y lo echan igual al camión. Entonces ahí falta mucha información, hacer una charla a los recolectores de la basura, que si ellos ven el saco amarillo no se lo lleven, o también hay gente que lo utiliza para echar basura, pero es para reciclaje de cartón, papel, tetra pack, nylon, la bolsa de azúcar, la bolsa de arroz, los conitos del confort o la toalla nova, los tarros de conserva, etc”, explica

Otro obstáculo relevante es la falta de infraestructura. La asociación no cuenta con un espacio adecuado para acopiar, clasificar y procesar materiales. “Nos ha costado mucho tener un galpón. Eso permitiría generar empleo, especialmente para recicladores mayores que ya no pueden salir con un triciclo a la calle. Teniendo un punto de acopio con todos los permisos como corresponde, se podría generar empleo para que los recicladores puedan enfardar, segregar y eso es un trabajo que solo los recicladores lo saben hacer”, explica.

A pesar de estas dificultades, el impacto del trabajo es evidente. Mensualmente, logran recolectar entre ocho y 10 toneladas de vidrio, además de importantes volúmenes de plástico y cartón. También han desarrollado campañas de reciclaje en distintas comunas y sectores, como Chillán Viejo, Quillón, Ñiquén y San Ignacio, acercando la educación ambiental a la comunidad.

La certificación como recicladores de base ha sido un paso crucial para formalizar el oficio y poder prestar servicios a empresas. “Estamos en la plataforma Chile Valora y una de las grandes ventajas es que al estar certificados como recicladores bases nos permite prestar servicios a empresas porque tenemos la documentación necesaria y también se da la confianza a la gente para poder ingresar a sus casas”, sostiene.

Rolando reconoce que el camino no ha sido fácil. “La parte más dura es que somos mal mirados, trabajamos de sol a sol y el material se paga bajo, pero aun así me gusta lo que hago: limpiar, recolectar y educar a la gente para que recicle. Este es un trabajo ambiental que tenemos que hacer entre todos”.

Rolando Riquelme
Rolando Riquelme

Una oportunidad en la chatarra

Son las 7:00 de la mañana y Juan Carlos Betancourt Durán maneja su camioneta rumbo a Las Trancas y Las Termas, donde lo esperan tarros de pintura vacíos, fierros olvidados y “cachureos” que para otros son basura, pero para él representan trabajo, sustento y una forma de vida que eligió hace casi dos décadas.

Tiene 53 años y vive en Chillán Viejo. Aunque lleva tres años como reciclador de base certificado, su historia con el reciclaje comenzó mucho antes. “Llevo 18 años trabajando en reciclaje, lo que pasa es que antes esta labor no era reconocida”, dice.

Partió como reciclador tras quedar sin empleo en un aserradero, y encontró una oportunidad al ver lo que hacía un tío con la chatarra. Así que decidió comprar una camioneta y empezó a recorrer sectores recogiendo fierros.

“Me motivé y empecé a trabajar en eso y no lo he soltado más porque para mí fue algo muy grato, es un trabajo que me gusta, lo hago con ganas porque me gusta ese tema, y lo otro es que salgo a donde quiero, a la hora que quiero, puedo controlar mi tiempo (…) para mí ha sido fantástico porque he logrado cosas que antes, cuando estaba patronado, no tenía”, afirma.

Inició recolectando fierro, cobre, bronce y latas. Hoy suma cartón, vidrio y plástico PET. A la zona de la cordillera de Pinto va dos y hasta tres veces por semana, también recorre comunas como El Carmen, San Carlos y San Fabián, donde la gente ya lo conoce e incluso lo llama para coordinar retiros.

Juan Carlos asegura que hoy día las personas son más conscientes respecto al reciclaje y cuando sale a sus recorridos trata de educar y enseñar qué elementos y de qué manera se pueden reciclar.

“De repente no saben qué es lo que se puede reciclar, me preguntan y uno le va diciendo, enseñando. Les digo que todo sirve, un pedazo de fierro, un pedazo de lata, cuando cambian las canaletas, los techos, los cañones de las estufas. En vez de que vaya a parar a la basura se puede reciclar. Arriba en Las Termas pintan las cabañas y todos esos tarros los botan a la basura, y yo les digo que eso se puede reciclar”, explica.

Afirma que este trabajo no está ajeno de dificultades, como cuando debe cargar objetos muy pesados o recorrer largas distancias sin que el esfuerzo se vea reflejado en las ganancias. El cartón, por ejemplo, implica grandes volúmenes, pero deja poco dinero. “Se junta harto cartón, días atrás fuimos a dejar unos 1.300 kilos, pero está muy mal pagado. A veces no conviene ir tan lejos a buscarlo porque lo están pagando a $40 pesos el kilo”, comenta.

Uno de los cambios más significativos en su trayectoria como reciclador ha sido el reconocimiento, ya que anteriormente este oficio era visto con desconfianza.

“Nos miraban mal, como si fuéramos delincuentes, pero ahora que se formó la Agrupación de Recicladores de Base de la Región de Ñuble estamos siendo mirados de otra manera, nuestras camionetas tienen un logo, tenemos personalidad jurídica y ahora la gente tiene más confianza y sabe quiénes son los recicladores de verdad, porque hay algunos que, si les pasan algo y no les gusta, lo dejan botado en cualquier lado. En cambio, nosotros pescamos ese material, le sacamos lo que puede servir y los demás lo dejamos donde tiene que ir, en la basura, no lo vamos a botar a la vuelta de la esquina. A todas las cosas que nos pasan siempre le rescatamos algo que sirve”, agrega.

Juan Carlos está certificado como reciclador de base y reciclador avanzado. En un mes, puede llegar a reunir entre 15 y 20 mil kilos de chatarra, son toneladas de materiales que, gracias a su esfuerzo, no terminan contaminando el entorno y vuelven a tener un uso.

Juan Carlos Betancourt
Juan Carlos Betancourt

Trabajo familiar

Durante más de tres décadas, Francisca Valencia Inostroza ha recorrido calles y caminos de la comuna de El Carmen recolectando lo que otros desechan. Hoy, a sus 64 años, sigue dedicada al reciclaje, una labor que comenzó por necesidad, pero que con el tiempo se transformó en un trabajo familiar y en un compromiso con el entorno.

“Empecé cuando recién comenzaron a comprar las latas de bebida, hace unos 35 años. Empecé con mis hijos cuando estaban chicos, recogíamos por los caminos, pero también fue por necesidad de limpiar las calles de nuestro sector que estaban sucias con latas y botellas de vidrios. Entonces, empezamos nosotros a reciclar”, recuerda.

Francisca continúa trabajando junto a sus hijos, formando lo que describe como una empresa familiar. Son cinco personas dedicadas al reciclaje.

“Tenemos un pedacito de terreno y ahí reciclamos y acopiamos porque esto requiere de varios meses para poder juntar y hacer un montón grande para que se pueda vender una buena carga. Cada dos o tres meses le vendo a otros recicladores y me hacen precio, pero no es mucho tampoco, a veces $150 mil a $200 mil pesos, depende de los kilos, se cuenta la chatarra, los fierros, todo lo que es desechable, cocinas y cosas que la gente no esté ocupando”, explica.

Considera que se debe promover campañas que incentiven el reciclaje y la importancia de darle un nuevo uso a los materiales que desechamos. “Cuesta educar a la gente para que vayan apartando lo que es para reciclaje y lo que es para la basura, aquí mezclan vidrio, lata y basura en general”, comenta.

A esto se suma la necesidad de mayor apoyo para visibilizar la labor de los recicladores de base. “Creo que lo que nos hace falta es más ayuda de los municipios, y también que seamos más vistos, que los medios de comunicación, como la radio, estén siempre invitando a conocer a los recicladores porque siempre hay hartos recicladores que acopian, que juntan, pero necesitamos que nos den a conocer”, afirma.

En ese contexto, la formalización ha sido clave. Gracias a la certificación como recicladora de base, hoy puede trabajar con mayor tranquilidad. “La certificación nos permite trabajar tranquilos, tenemos nuestra credencial que nos certifica para reciclar, para que la gente nos conozca hoy en día, porque la gente ya no tiene confianza en nadie a la hora de abrir las puertas”, dice.

Añade que ser socia de la Agrupación de Recicladores de Base de Ñuble, le ha permitido acceder a beneficios, proyectos y mayor reconocimiento por parte de instituciones públicas.

“Hemos sido reconocidos por varias instituciones, por la Gobernación Regional, la Seremi del Medio Ambiente, la municipalidad de Chillán Viejo, y algunos diputados también. Hemos postulados a fondos para mejorar los implementos de trabajo, también nos apoya Volta Ecobío nos entrega nuestros uniformes para que andemos bien presentados. Hemos ganado proyectos del Gobierno Regional donde nos compran el equipo completo: zapato, el pantalón, la polera, también algunas herramientas”, cierra.

Francisca Valencia

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