El avance del Plan Maestro de Aguas Lluvias de Chillán constituye una de las políticas públicas urbanas más exitosas de las últimas décadas en la capital regional. Gracias a una planificación sostenida y a inversiones que hoy superan los $60 mil millones en su red primaria, la intercomuna ha dejado atrás imágenes que durante años parecían inevitables cada invierno: calles anegadas, viviendas inundadas, canales desbordados y familias enteras intentando contener el agua con sacos de arena frente a sus casas.
Sectores históricamente golpeados por los temporales, como Luis Cruz Martínez, Avenida Sepúlveda Bustos frente al Cementerio Municipal, Avenida Ecuador o las inmediaciones del estero Las Toscas, hoy enfrentan los sistemas frontales con una capacidad de respuesta completamente distinta. Las obras ejecutadas en las primeras cuatro etapas —colectores, ductos y mejoramiento de canales— demostraron su efectividad incluso durante el intenso invierno de 2023, cuando el sistema utilizó apenas una fracción de su capacidad total y logró evitar inundaciones mayores.
Por eso, el anuncio de que la quinta etapa del plan será finalmente licitada durante este año debe ser valorado, pero también observado con sentido de urgencia. Originalmente, esta fase debía iniciar su proceso durante 2025, sin embargo, las reevaluaciones técnicas y administrativas terminaron postergando nuevamente una infraestructura crítica para el desarrollo urbano de la ciudad.
El problema no es solo el retraso puntual. El verdadero riesgo es que Chillán vuelva a caer en una lógica demasiado conocida: la de proyectos estratégicos que avanzan lentamente hasta quedar superados por el crecimiento urbano, las nuevas demandas y los cambios normativos. Exactamente eso es lo que hoy ocurre con el Plan Maestro de Transportes.
Las explicaciones entregadas respecto de diseños vencidos, actualizaciones técnicas, observaciones administrativas o falta de capacidad profesional pueden ser razonables desde la lógica institucional, pero no cambian una realidad evidente: mientras los proyectos siguen atrapados en etapas de rediseño, la ciudad continúa creciendo, aumentando su parque automotriz y profundizando sus problemas de congestión.
Los ejemplos abundan. El paso bajo nivel de Parque Lantaño sigue entrampado pese a años de anuncios. Las soluciones para Vicente Méndez, Paul Harris y Las Rosas recién tendrían diseños terminados hacia 2028. Y mientras tanto, miles de personas enfrentan diariamente tacos, tiempos excesivos de traslado y barrios cuya conectividad se deteriora cada año más.
La diferencia con el Plan Maestro de Aguas Lluvias es que aquí todavía existe la posibilidad de no repetir esa historia. El sistema ha mostrado resultados concretos y visibles para la ciudadanía. La experiencia demuestra que cuando existe continuidad en las inversiones y claridad en la ejecución, los beneficios son inmediatos y medibles.
Por eso, la quinta etapa no puede transformarse en otro proyecto que permanezca años atrapado entre reevaluaciones y ajustes administrativos. Chillán necesita consolidar esta infraestructura antes de que el crecimiento urbano vuelva insuficiente lo ya construido y antes de que nuevos eventos climáticos extremos pongan nuevamente a prueba la capacidad de respuesta de la ciudad.



