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Los sectores que podrían diversificar la matriz productiva regional

Cedida

Además de los sectores que tradicionalmente han liderado el desarrollo de Ñuble, existe una visión compartida entre los actores locales respecto a aquellas industrias que despuntan con ventajas comparativas de cara a los próximos años.

Por un lado, existe una apuesta por la agregación de valor en sectores consolidados, como la sofisticación de la industria alimentaria o la construcción industrializada vinculada con la madera.

Y, por otro lado, dado el desafío de la diversificación de la matriz productiva, sectores como la industria manufacturera, la energía, la logística, el turismo y las economías creativas representan un gran potencial.

No obstante, reconocen que para aprovechar ese potencial se requiere avanzar en la superación de brechas clave en áreas como infraestructura vial, energética e hídrica, así como también en capital humano y en la generación de condiciones habilitantes para la inversión.

Dos caminos

Rodrigo Landa, director regional de Corfo, planteó que “el desarrollo futuro de Ñuble pasa por dos caminos: agregar mayor valor a nuestras principales actividades económicas y, al mismo tiempo, desarrollar nuevos sectores que diversifiquen nuestra matriz productiva”.

En esa línea, aseguró que “lo primero es modernizar aquellas áreas donde ya tenemos capacidades, incorporando innovación y tecnología para generar más valor desde la región”.

Landa sostuvo que “una primera apuesta es sofisticar nuestra base agroalimentaria. Tenemos condiciones para avanzar hacia una industria de alimentos con mayor componente tecnológico y fortalecer áreas como la biotecnología, los alimentos funcionales y los bioinsumos. También existen sectores tradicionales con un importante potencial de crecimiento, como la industria de las cecinas, donde necesitamos incorporar tecnología, mejorar estándares y aumentar los volúmenes de producción. El objetivo es fortalecer nuestras cadenas de valor para que una mayor parte de la transformación se realice en Ñuble”.

“A partir de nuestras capacidades también podemos desarrollar nuevas cadenas productivas -continuó-. Una de ellas es la construcción industrializada, que puede vincularse con la industria de la madera y abrir nuevas alternativas para el sector forestal. Otra es la logística, donde nuestra ubicación estratégica permite proyectar a Ñuble como un polo de servicios, tecnología e inversiones para el centro-sur del país”.

El director regional de Corfo aseveró que “el turismo representa otra apuesta relevante. Con el programa Transforma Turismo Ñuble Destino Vivo, impulsado por el Comité de Desarrollo Productivo Regional de Ñuble, estamos trabajando para consolidar una oferta más competitiva y escalable, aprovechando la cordillera, el enoturismo, el patrimonio, la costa y las futuras zonas lacustres asociadas a los embalses Nueva La Punilla y Zapallar”.

“A esto se suma la economía creativa, donde nuestra identidad, cultura y patrimonio pueden ser la base para consolidar actividades vinculadas al arte, la cultura y el entretenimiento, generando productos y servicios de calidad y contribuyendo al posicionamiento de Ñuble”, añadió.

En ese sentido, el profesional postuló que “para que estas apuestas puedan materializarse necesitamos condiciones habilitantes, especialmente capital humano y energía, junto con una incorporación mucho más decidida de innovación, digitalización e inteligencia artificial en nuestros sectores productivos”.

“En definitiva, diversificar Ñuble no significa alejarnos de nuestra identidad productiva, sino modernizar y agregar valor a lo que ya hacemos y, desde esas capacidades, desarrollar nuevas actividades que generen inversión, empleo y crecimiento para la región”, puntualizó Rodrigo Landa.

Inversiones

En opinión del empresario y dirigente gremial Ricardo Salman, presidente de la Corporación de Adelanto y Desarrollo de Ñuble (CorÑuble), la región tiene el desafío de diversificar: “Ñuble puede ser agrícola y al mismo tiempo agroindustrial; rural y al mismo tiempo tecnológica; desarrollar energías renovables, turismo de montaña y naturaleza, industria alimentaria, construcción en madera y logística. La estrategia regional ya identifica precisamente agroindustria, turismo, energía e infraestructura logística como oportunidades para dejar de ser solamente productores de materias primas y generar empleos de mayor calidad”.

“Al cumplirse ocho años desde la creación de la Región de Ñuble, la pregunta relevante ya no es solamente cuánto hemos avanzado en institucionalidad o cuántas inversiones públicas hemos conseguido. La pregunta que debemos comenzar a hacernos es qué tipo de economía regional queremos construir sobre esa institucionalidad y esa infraestructura durante la próxima década”, expresó Salman.

Reflexionó que “la creación de Ñuble significó un cambio importante. Contar con autoridades, servicios, presupuesto y planificación regional propios permitió visibilizar brechas que se habían acumulado durante décadas y comenzar a abordarlas. Ese logro debe ser reconocido. Sin embargo, los indicadores económicos y laborales muestran que la región debe entrar ahora en una segunda etapa: transformar capacidad institucional e inversión pública en inversión privada, productividad y mejores empleos. Este mismo diagnóstico aparece en el análisis laboral regional: la institucionalidad obtenida desde 2018 todavía no se ha traducido en una mejora estructural del empleo”.

El timonel de CorÑuble argumentó que “el último catastro de la Corporación de Bienes de Capital permite dimensionar con especial claridad esta situación. Chile proyecta para 2026–2030 inversiones por US$95.149 millones. El 80,2% corresponde a capital privado y sólo 19,8% a inversión estatal. En Ñuble la estructura es prácticamente inversa: de US$840 millones, US$552 millones son estatales y apenas US$288 millones privados. La inversión pública representa 65,7% del total regional”.

“Estos antecedentes coinciden con otra señal que observamos durante 2026 -continuó-. Según los proyectos ingresados al SEIA, la inversión presentada en Ñuble durante el primer semestre cayó desde aproximadamente US$664 millones en 2025 a US$127 millones en 2026. Nuestra participación en el monto nacional ingresado cayó desde 1,90% a sólo 0,35%; y en inversión aprobada, de 2,61% a 0,35%. Por lo tanto, no estamos ante un único indicador aislado. Distintas fuentes apuntan hacia una misma debilidad: Ñuble no está capturando todavía suficiente inversión productiva privada”.

Por ello, sentenció que “el gran desafío de Ñuble durante los próximos años es convertir la excepcional inversión pública que estamos recibiendo en infraestructura habilitante para la inversión privada”.

Salman precisó que “el primer ámbito es la energía. El país proyecta que el sector energético represente 26,6% de toda la inversión privada del próximo quinquenio. Para Ñuble ésta puede ser una oportunidad importante, pero primero debemos terminar de resolver nuestro rezago de transmisión. Más de 1.300 proyectos llegaron a quedar sin factibilidad de conexión por restricciones del sistema eléctrico. Existen obras importantes en desarrollo —Charrúa–Chillán, Monterrico–Cocharcas, Las Delicias, Coiquén, Punilla y Quinchamalí—, pero su ejecución debe ser rigurosamente monitoreada. Y debemos mirar más lejos: el diagnóstico energético advierte que, sin una nueva columna vertebral de 220 kV, podríamos enfrentar un segundo cuello de botella durante la década de 2030”.

“El segundo ámbito es el agua. Zapallar representa un gran avance, pero debe constituir el comienzo de una estrategia y no su término. Embalse Chillán, Nueva La Punilla y las redes secundarias de canales, tranques y distribución son indispensables para dar seguridad al riego. El objetivo económico debería ser muy claro: usar esa seguridad hídrica para aumentar productividad y transformar una proporción mucho mayor de nuestra producción agrícola dentro de Ñuble. Procesar, congelar, embalar, almacenar, exportar y comercializar aquí significa generar empleo permanente y de mayor productividad”, apuntó.

El dirigente añadió que “el tercer desafío es la conectividad. Debemos cumplir oportunamente el convenio MOP–Gore de 780 kilómetros, destrabar la Ruta 5 Talca–Chillán, ejecutar la modernización de la Ruta del Itata, avanzar en el Bypass Oriente, mejorar los accesos al borde costero y destinos turísticos y desarrollar la infraestructura logística y ferroviaria. Un puerto seco o hub intermodal en Chillán podría conectar carretera, ferrocarril, almacenamiento y servicios logísticos, generando una nueva actividad económica regional”.

Por otro lado, puntualizó Ricardo Salman, “existe un segundo componente, tan importante como la infraestructura física: capital humano y productividad empresarial. Enadel mostró que sólo el 2,8% de las contrataciones requiere formación técnica superior y 1,4% formación universitaria, mientras agricultura, comercio y construcción concentran 64% del empleo regional. Esto no significa que Ñuble tenga demasiados profesionales o técnicos. Significa, en gran medida, que tenemos una estructura productiva que aún no genera suficiente demanda por capital humano avanzado”.

Condiciones habilitantes

Al respecto, el economista Renato Segura, profesor de la Universidad Técnica Federico Santa María, subrayó que el dinamismo de los sectores económicos consolidados y de los emergentes está sujeto a condiciones habilitantes que representan un desafío para la región.

“En Chile, las políticas fiscal y monetaria tienen un manejo centralizado, lo que implica que la actividad económica de una región tiene una correlación positiva con la del país; la excepción a esta regla son aquellas regiones que han desarrollado de manera intensiva su capacidad exportadora sustentada en notables ventajas comparativas en la plena explotación de los recursos naturales del territorio”, contextualizó el académico.

Destacó que “el sector manufacturero de Ñuble es uno de los sectores que tienen el mayor potencial de desarrollo, principalmente porque la agroindustria y el sector forestal son exportadores netos. Por tanto, si se generan las condiciones habilitantes para que la agroindustria y el sector forestal puedan incrementar sus inversiones, la actividad económica tendría un fuerte impacto en la actividad económica del territorio”.

Segura explicó que, “en la actualidad, el sector manufacturero de Ñuble no tiene las condiciones habilitantes para atraer inversiones. Sumado a la restricción de disponibilidad energética, la burocracia de los organismos del Estado son una barrera difícil de superar, sobre todo, para la pequeña y mediana empresa. Las inversiones de mayor envergadura están condicionadas a los estudios de impacto ambiental, donde existen leyes regulatorias excesivas o grupos organizados que interponen recursos que retrasan indefinidamente el inicio de las obras; un ejemplo de ello es lo que ha ocurrido con el proyecto de puente en la desembocadura del río Itata. La permisología y la burocracia generan incerteza jurídica para alcanzar – en un tiempo razonable – la puesta en marcha de los proyectos. Esto conlleva a un factor de riesgo que sin duda desincentiva la inversión privada”.

Por otro lado, apuntó que “la industria turística presenta un sector emergente que ha dado cuenta de una creciente actividad económica en las zonas del territorio relacionadas con el turismo de invierno en el sector cordillerano. Las agencias de viaje y los operadores turísticos han comenzado a poner atención en los atractivos turísticos de Ñuble, los cuales se podrían revelar en su justa medida cuando se haga una simbiosis entre los atractivos turísticos de la cordillera, los valles, las zonas costeras, el patrimonio, la cultura y la actividad económica”.

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