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Este mes cumple 146 años la institución que tantas veces corrió a salvar vidas: Bomberos de Chillán

Mauricio Ulloa

La historia del Cuerpo de Bomberos de Chillán es un muro firme y orgulloso, construido con ladrillos de tragedia, esfuerzo y generosidad.

Una que, según el superintendente Ernesto Quijón, nace directamente de la necesidad de la comunidad por organizar respuestas ante los incendios en una ciudad que, en sus orígenes, dependía de brigadas privadas vinculadas a empresas y propietarios.

“En general, el cuerpo de Bomberos surge de la necesidad de la comunidad de formar unidades de emergencia que antes eran brigadas de protección de empresas”, explica. Sin embargo, ese modelo mostró sus límites frente a emergencias mayores.

Uno de los episodios que marcó ese quiebre fue un incendio en el antiguo mercado de Chillán, en 1880. Esas brigadas no acudieron al llamado al no existir intereses directos en riesgo.

Desde allí, un grupo de vecinos y personas con experiencia en ciudades como Santiago, Valparaíso o el extranjero, comenzó a organizar lo que sería el primer cuartel bomberil de la ciudad, en condiciones precarias pero con un objetivo claro: dar respuesta donde antes no la había.

Fue así como el Cuerpo de Bomberos de Chillán fue fundado el 25 de junio de 1880 por el bombero José Avelino Acuña, convirtiéndose en la quincuagésima unidad de bomberos creada en el país.

Con el paso del tiempo, Chillán se consolidó como uno de los cuerpos de bomberos más consolidados del país, impulsado además por la llegada de inmigrantes europeos que aportaron conocimientos técnicos y modelos de organización.

“La mayoría de los fundadores eran europeos, con formación prusiana, y eso ayudó a estructurar jerarquías y métodos de trabajo”, repasa el superintendente.

Durante décadas, y con la Segunda Compañía Carlos Collín en pleno funcionamiento, la labor se sostuvo en la voluntad y la precariedad: baldes, herramientas básicas y la disposición de los voluntarios.

“Ese escenario cambió drásticamente con el terremoto de 1939, que destruyó el antiguo cuartel ubicado en calle Constitución. La reconstrucción posterior marcó un punto de inflexión institucional, con la instalación definitiva del cuartel en su actual ubicación y la adopción de un diseño arquitectónico moderno para la época.

A partir de ahí, el crecimiento del cuerpo se vinculó directamente al desarrollo de la ciudad. Nuevas compañías, expansión territorial y una creciente profesionalización marcaron las siguientes décadas. “Hubo un cambio de mentalidad, se entendió que ya no era solo voluntariedad, sino un compromiso con la comunidad”, resume el superintendente.

Llegan las mujeres y los cursos

Uno de los hitos más recientes fue la incorporación de mujeres a partir de 1998, proceso que transformó progresivamente la composición institucional. Hoy, cerca del 30% del voluntariado corresponde a bomberas, muchas de ellas en cargos operativos y de dirección.

El terremoto de 2010 volvió a modificar el enfoque institucional. Las múltiples emergencias obligaron a fortalecer la capacitación y especialización, dando origen a una malla formativa que hoy contempla entre 25 y 30 cursos para los voluntarios.

“Hoy un bombero no se forma en un fin de semana. Es un proceso largo que incluye formación técnica y práctica”, explica Quijón.

En paralelo, el cuerpo ha continuado expandiendo su infraestructura. A la actual red de compañías se suman proyectos como la próxima inauguración del cuartel de la Quinta Compañía en Huambalí y la creación de nuevas instalaciones en sectores como Las Trancas, donde recientemente el municipio aprobó la entrega de un terreno para un campo de entrenamiento y esparcimiento.

También se proyecta la instalación de nuevas unidades en otros sectores de la ciudad, en un proceso que responde al crecimiento urbano y a las nuevas necesidades operativas.

Hoy, el Cuerpo de Bomberos de Chillán cuenta con cerca de 650 voluntarios y un parque de aproximadamente 30 vehículos, parte de los cuales será renovado con nuevas unidades aportadas por el GORE.

Para Quijón, más allá de la infraestructura o la tecnología, la esencia de la institución sigue siendo la misma que en sus orígenes: una respuesta comunitaria ante la emergencia. “Nuestra historia se basa en la generosidad de las personas, en la necesidad de superar grandes catástrofes que han afectado a la ciudad y en el siempre presente cariño de la gente”, concluye.

Felipe Ahumada

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