Los paisajes cordilleranos de Ñuble son uno de los principales patrimonios naturales de la región. Cada invierno, sectores como Las Trancas, Shangri-La y San Fabián atraen a cientos de personas que buscan disfrutar de la nieve, el trekking y el contacto con la naturaleza. Sin embargo, ese creciente interés por la montaña también exige asumir una realidad ineludible: estos escenarios, por su belleza, no dejan de ser entornos complejos, cambiantes y potencialmente peligrosos.
Los dos recientes operativos de rescate registrados en la región vuelven a recordarlo. Primero fue el extenso trabajo realizado durante más de 12 horas para evacuar a un senderista lesionado en el cerro Las Bravas, en Pinto, bajo condiciones extremas de frío, nieve, roca suelta y sin posibilidad de apoyo aéreo nocturno. Días después, una excursionista sufrió un esguince mientras realizaba el trekking hacia Laguna de la Plata, en San Fabián, obligando nuevamente a desplegar a Carabineros y Bomberos para concretar un rescate terrestre en un sector de difícil acceso.
Afortunadamente, ambos casos terminaron sin consecuencias fatales gracias a la preparación, profesionalismo y compromiso de los equipos de emergencia. Pero sería un error interpretar estos desenlaces como una confirmación de que siempre será posible llegar a tiempo. En montaña, las condiciones cambian en minutos, las comunicaciones suelen ser precarias y cada accidente expone también a quienes participan en las labores de rescate.
Por ello, insistir en la prevención nunca será una exageración. Muy por el contrario, constituye la principal herramienta para reducir accidentes y evitar que una jornada recreativa termine transformándose en una emergencia.
Existe una serie de recomendaciones ampliamente conocidas, pero que aún no siempre se cumplen. Planificar previamente la ruta, estudiar el terreno, revisar el pronóstico meteorológico, portar vestuario y equipamiento adecuados para la temporada, llevar alimentación e hidratación suficientes, no sobreestimar la propia capacidad física y evitar internarse en sectores desconocidos son medidas básicas que pueden marcar la diferencia.
A ello se suma una obligación que muchas veces es subestimada: registrar previamente la excursión cuando así lo establecen las ordenanzas municipales. El reciente rescate en Pinto demostró el enorme valor de ese procedimiento. Gracias a la información entregada antes del ascenso, Carabineros conocía la ruta proyectada, el número de integrantes del grupo y los medios de comunicación disponibles, antecedentes que permitieron optimizar la planificación del operativo y reducir los tiempos de respuesta. No se trata de un trámite burocrático, sino de una herramienta concreta para salvar vidas.
También es fundamental comprender que la montaña impone sus propias reglas. El invierno agrega factores de riesgo evidentes: nieve, hielo, bajas temperaturas, menor cantidad de horas de luz y cambios repentinos del tiempo. Lo que parece una caminata sencilla puede transformarse rápidamente en una situación crítica si no existe preparación suficiente o si se presentan imponderables.
La montaña seguirá siendo uno de los mayores atractivos de Ñuble. Disfrutarla plenamente implica admirarla, respetarla y comprender que la mejor excursión es siempre aquella en donde todos regresan seguros.



