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Superficie de cultivos anuales en baja

Los resultados de la Primera Encuesta Nacional Agropecuaria (ENA) 2025/2026, que elaboró el INE, no solo permitieron caracterizar el estado actual de los cultivos anuales en 12 regiones del país, sino que también confirmaron un fenómeno preocupante en el agro chileno: la sostenida disminución de la superficie destinada a los llamados “cultivos tradicionales”, que son la base de la dieta local.

Rubros tradicionales como el trigo, el maíz, el arroz y las leguminosas, entre otras, evidencian una caída importante en la superficie en los últimos 20 años; lo mismo ocurre con la masa ganadera bovina. Y si bien cada actividad tiene sus particularidades, todas enfrentan problemas estructurales como las asimetrías y vicios de mercado, la competencia -a veces desleal- de productos importados y las dificultades de acceso a financiamiento y nuevas tecnologías, principalmente en el segmento de medianos y pequeños productores.

Este escenario, sin duda, debe ser interpretado como una señal de alerta para la seguridad y la soberanía alimentaria del país, que cada día se hace más dependiente de la importación de alimentos de la dieta básica, principalmente cereales, legumbres, carnes y lácteos, lo que, en definitiva, lo hace mucho más vulnerable frente a factores externos, como guerras, sequías y crisis de stock a nivel internacional.

No se trata de un fenómeno nuevo, sin embargo, en las últimas dos décadas el avance de la fruticultura se ha convertido en una fuerte competencia por el uso de la tierra, aunque su magnitud no se compara con el enorme sacrificio de suelos con aptitud agrícola como consecuencia del voraz crecimiento de las ciudades y la abrumadora multiplicación de las parcelaciones de carácter inmobiliario. De hecho, entre 2020 y 2024 se certificaron en Ñuble más de 130 mil hectáreas en parcelaciones.

A modo de referencia, de acuerdo con la ENA, en la región se estima que existen 108 mil hectáreas de cultivos anuales, entre cereales, cultivos industriales y leguminosas y tubérculos.

Es imperativo, por tanto, contar con un Plan Regional de Ordenamiento Territorial (PROT) que dé cuenta de los lineamientos de la Estrategia regional de desarrollo, una tarea que le compete al Gobierno Regional. Precisamente, en marzo pasado se aprobó el reglamento para la elaboración de los PROT.

Claramente, los retornos del negocio inmobiliario son mucho más atractivos que los de la actividad agrícola, pero para el mundo agrícola lo que ha sido determinante es la falta de una verdadera política de fomento.

Los agricultores, a diferencia de otras actividades, son los encargados de producir los alimentos, y más relevante incluso, son los guardianes del agua y del suelo, y por extensión, de la soberanía alimentaria de un país, algo que recién se comenzó a entender en los últimos años, debido a la pandemia y los problemas logísticos que provocaron una crisis de abastecimiento global.

Por lo tanto, es hora de proteger a los agricultores y a la agricultura local como es debido, en el entendido que se trata de un sector sensible y estratégico, de la misma forma que hacen países desarrollados, respetando las normas del libre comercio, a través de una verdadera política de Estado

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