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Fenómeno de los rucos continúa en Chillán pese a múltiples operativos

Municipio

Los operativos para retirar rucos desde espacios públicos se han transformado en una constante en Chillán.

Sólo considerando intervenciones como la realizada en noviembre de 2025, cuando se retiraron más de 20 estructuras, y el operativo efectuado en el estero Las Toscas en marzo de 2026, que permitió desmantelar otros diez asentamientos precarios, los registros públicos permiten estimar que durante los últimos 18 meses la Municipalidad de Chillán y Carabineros han retirado más de 60 rucos en distintos puntos de la ciudad.

Todo ello en el marco de intervenciones realizadas en puentes, plazas, áreas verdes y cauces urbanos, donde vecinos han denunciado reiteradamente la presencia de estas estructuras y los problemas asociados a su ocupación, entre ellos, acumulación de basura, consumo de alcohol y drogas, además de diversos episodios de incivilidad.

La tarea venidera, sin embargo, no asoma simple. Tampoco existe certeza de que el aumento de estos operativos represente un punto final, ya que los municipios cuentan con herramientas limitadas para intervenir.

Para la sicóloga especialista en adultos con adicciones, Carla Vergara, la proliferación de rucos responde a una realidad observada en distintas partes del mundo y que combina factores sociales, económicos y de salud mental.

“Muchos de ellos no tienen antecedentes penales, pero sí son consumidores, por lo que sería un error asociarlos con delitos, aunque no se puede desconocer que la presencia de un ruco en una plaza, un parque o un lugar de uso público sí o sí genera rechazo por parte de los vecinos y se crea una relación problemática, en especial por conflictos de higiene”, explicó.

La profesional sostuvo que una de las principales causas del fenómeno radica en el aumento de personas en situación de calle que presentan problemas severos de consumo de alcohol o drogas y que, además, enfrentan serias dificultades para acceder a empleos formales o procesos de reinserción social.

A ello se suma un elemento que, a primera vista, puede parecer contradictorio.

“Otro factor es el aumento de la delincuencia. Antes, las personas en situación de calle dormían bajo alguna techumbre; sin embargo, el estar dentro de una estructura les da una sensación de seguridad, les permite sentirse refugiados y menos expuestos”, sostuvo.

Según la especialista, esa necesidad de protección explica por qué muchas de estas personas buscan instalarse en espacios de alta circulación de público.

“Buscan parques, centros comerciales o plazas, no para generar un mensaje social o de rebeldía; están en esos lugares porque se sienten más seguros. El problema es que no pueden evitar la ingesta de alcohol o drogas y ahí aumenta el choque con los vecinos y las autoridades”, añadió.

Sigue el trabajo municipal

En línea con lo planteado por la sicóloga, el director de Seguridad e Inspección Municipal, Lautaro Arias, ha evitado asociar de manera automática la presencia de rucos con la comisión de delitos, precisando que sólo una parte menor de las fiscalizaciones realizadas ha terminado con personas detenidas.

Pese a ello, el municipio ha mantenido los operativos destinados a recuperar espacios públicos y evitar nuevas ocupaciones.

Durante este año se han desarrollado cerca de 15 programas “Puente” orientados al retiro de estructuras instaladas en plazas, parques, áreas verdes y otros bienes de uso público.

El alcalde Camilo Benavente destacó que, gracias al trabajo coordinado entre Carabineros, la Dirección de Seguridad Pública y otras unidades municipales, ha sido posible responder a requerimientos de vecinos y mantener espacios más seguros para la comunidad.

Los operativos han permitido retirar más de 40 toneladas de residuos, labor en la que participan funcionarios de Aseo y Ornato, la empresa Dimensión y distintas reparticiones municipales encargadas de trasladar los desechos hasta un relleno sanitario autorizado.

El jefe comunal manifestó que estas intervenciones continuarán desarrollándose con el objetivo de resguardar la calidad de vida de los habitantes, promover el buen uso de los espacios públicos y evitar que estos sean utilizados para cometer delitos o incivilidades.

Mientras tanto, el fenómeno continúa generando debate. Por una parte, vecinos exigen la recuperación de espacios que consideran perdidos por años; por otra, especialistas advierten que detrás de cada ruco existe una realidad marcada por la exclusión, las adicciones y la falta de redes de apoyo.

Felipe Ahumada

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