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Soluciones intermedias

Mauricio Ulloa

La congestión vehicular que se registra diariamente en distintos puntos de Chillán es una de las expresiones más visibles de un problema que la ciudad arrastra desde hace años: el crecimiento urbano ha sido mucho más rápido que la capacidad de su infraestructura vial para responder a las nuevas demandas de movilidad. Y aunque la solución de fondo pasa necesariamente por ejecutar las obras estructurales contempladas en el Plan de Transportes, también es necesario asumir una realidad: esos proyectos toman tiempo. Mucho tiempo.

En ese escenario, la propuesta preliminar de la Municipalidad de Chillán para habilitar una tercera pista en Avenida Vicente Méndez, entre Avenida Ecuador y Paul Harris, merece ser valorada precisamente por lo que representa: el intento de buscar una solución de mediano plazo mientras las obras definitivas avanzan por sus extensos procesos de ingeniería, financiamiento, licitación y ejecución.

La iniciativa aún está lejos de convertirse en una obra concreta. Requiere estudios técnicos, coordinación con la Asociación de Canalistas del Canal Cato y Ñuble, definición de costos, búsqueda de financiamiento y evaluación de su impacto en el tránsito. Incluso se analiza aprovechar el espacio asociado al Canal de la Luz mediante una losa de hormigón que eventualmente permita generar un área para circulación o detención temporal de locomoción colectiva y transporte escolar.

Precisamente por encontrarse en una etapa preliminar, es importante evitar expectativas prematuras. Pero eso no significa que la idea deba ser descartada. Por el contrario, demuestra que frente a una ciudad que no puede detenerse mientras espera sus grandes proyectos, también se necesitan intervenciones intermedias, técnicamente estudiadas y capaces de aliviar problemas concretos.

El caso de Vicente Méndez es especialmente ilustrativo. Se trata de un eje utilizado diariamente por automovilistas, transporte público, colectivos y transporte escolar, en un sector donde además convergen establecimientos educacionales, la Universidad de Concepción, INIA, centros médicos y actividades comerciales. En las horas punta, la congestión no es una molestia menor: tiene consecuencias directas sobre los tiempos de viaje y, por extensión, sobre la calidad de vida de miles de personas.

Los propios operadores del transporte público dan cuenta de ello. Conductores reportan entre 20 y 30 minutos adicionales de viaje en los períodos de mayor congestión, mientras que desde Coihuexpress se señala que algunos desplazamientos entre el cruce Cato y las inmediaciones del Colegio Concepción pueden alcanzar hasta 45 minutos en la mañana. Es tiempo perdido por estudiantes que llegan tarde a clases, trabajadores que deben anticipar considerablemente sus salidas y pasajeros que terminan pagando, en términos de tiempo, las deficiencias de una infraestructura que ya quedó pequeña.

Por eso, resulta razonable explorar soluciones que permitan ganar capacidad mientras se espera la infraestructura mayor. La propia municipalidad ha sido clara en que esta alternativa no pretende reemplazar la solución estructural contemplada en el Plan de Transportes. Esa distinción es fundamental.

Chillán no puede caer en la falsa disyuntiva entre esperar la obra definitiva o hacer pequeñas intervenciones. Necesita ambas cosas. Las grandes inversiones deben continuar su curso, pero mientras llegan, corresponde desarrollar medidas de mitigación que permitan enfrentar los puntos más críticos de la red.

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