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Riesgo de deslizamientos

Sernageomin

La existencia de una quincena de puntos críticos asociados a riesgos de remociones en masa bajo vigilancia en Ñuble debiera ser mucho más que un dato técnico. Es una señal de alerta para una región que conoce los efectos de los eventos climáticos extremos y que, por sus características geográficas, mantiene amplios sectores expuestos a deslizamientos, aluviones, flujos de detritos y caída de rocas.

El monitoreo realizado por Sernageomin adquiere especial relevancia porque los puntos identificados no se concentran en un solo territorio. La mayor presencia se ubica en comunas como Trehuaco, Coelemu y Cobquecura, particularmente en sectores costeros y cercanos al río Itata, donde pendientes, quebradas y cauces pueden transformar rápidamente una lluvia intensa en una amenaza para comunidades, caminos e infraestructura. A ello se suman sectores de San Fabián, Pinto y Coihueco, donde las condiciones cordilleranas agregan otros factores de vulnerabilidad.

Lo más preocupante es que el riesgo no depende únicamente de cuánto llueva. Como ha advertido Sernageomin, temperaturas elevadas y una isoterma cero más alta pueden acelerar el deshielo en la cordillera y aumentar la susceptibilidad de quebradas habitualmente secas a generar aluviones y remociones en masa. Es decir, el cambio en las condiciones climáticas está modificando también la forma en que debe entenderse la prevención.

Por eso, el monitoreo es indispensable, pero no suficiente. Una región que conoce sus puntos críticos debe avanzar en medidas concretas para reducir su vulnerabilidad. Las obras de contención de sedimentos y protección de cauces, la mantención de rutas y sistemas de evacuación, junto con protocolos claros de alerta para las comunidades, debieran formar parte de una política preventiva permanente y no activarse únicamente cuando existe una emergencia.

También resulta necesario mirar hacia las cuencas. La recuperación de suelos, la reforestación y la restauración de las condiciones hidrológicas pueden contribuir a disminuir la erosión y la velocidad con que el agua arrastra sedimentos. No son soluciones inmediatas, pero sí inversiones que permiten enfrentar con mayor resiliencia un escenario climático cada vez más cambiante.

Ñuble no puede esperar a que un aluvión vuelva a demostrar lo que los mapas de riesgo ya están señalando. La información existe, los puntos críticos están identificados y los organismos técnicos cuentan con herramientas para advertir sus condiciones. El desafío ahora es convertir ese conocimiento en decisiones, obras y prevención efectiva. Ante amenazas que pueden desencadenarse en pocas horas, anticiparse no es exagerar el riesgo: es precisamente la manera responsable de reducirlo.

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