La posibilidad de una nueva candidatura de Michelle Bachelet reabrió el debate presidencial cuando José Antonio Kast apenas cumplió siete meses en La Moneda. Su figura volvió a instalarse en la discusión política, no solo por su trayectoria y proyección internacional, sino también por las dificultades de la centroizquierda para articular una alternativa común y las críticas opositoras al rumbo del actual Gobierno.
En Ñuble, las dirigencias regionales del progresismo coincidieron en reconocer en la exmandataria un liderazgo capaz de contribuir a la unidad, aunque con diferencias respecto de los tiempos y las prioridades. Desde la derecha, en cambio, cuestionaron tanto la posibilidad de una nueva postulación como el adelanto de una discusión electoral que, a su juicio, desvía la atención de las urgencias del país.
Para Juan Parada, presidente regional del Partido Socialista, Bachelet representa una figura que trasciende a su colectividad. “La figura de la Presidenta Bachelet es un liderazgo que no solo concita la unidad de la centro izquierda, sino que también contribuye en la formación de una mayoría social y política, que le dé estabilidad al país”, sostuvo.
El dirigente atribuyó al propio Ejecutivo la instalación temprana del debate presidencial. “El principal factor que incide en que se esté hablando de las próximas presidenciales, es el propio Gobierno; que ha tenido un actuar indolente ante la necesidad de la mayoría de los chilenos, desamparándolos ante los embates del desempleo y la inflación”, afirmó.
Sebastián González, presidente regional del PPD, también destacó la experiencia de la exmandataria y las transformaciones sociales impulsadas durante sus administraciones, que, a su juicio, incidieron directamente en la vida de miles de familias. Su figura, planteó, puede contribuir a la unidad opositora y proyectarse como una carta presidencial.
“Las promesas que aún no se cumplen y las contradicciones entre el discurso y las acciones del Gobierno generan un desgaste que la ciudadanía observa con atención”, dijo González. A su entender, el escenario abre la necesidad de construir “una alternativa sólida, unitaria y conectada con las necesidades reales de Chile”.
La coincidencia sobre el peso político de Bachelet no implica que todos los sectores del progresismo quieran acelerar la definición presidencial. Marta Carvajal, presidenta regional del Partido Comunista, relevó su capacidad de articulación, pero advirtió sobre los riesgos de convertir anticipadamente la discusión en una competencia de nombres.
“Apresurar conclusiones electorales de manera tan anticipada arriesga debilitar la construcción de nuestro bloque. No debemos ponernos ansiosos ni saltarnos etapas”, mencionó. Para la dirigenta, la prioridad debe ser consolidar un programa político y defender los derechos sociales antes de definir las candidaturas.
Desde el Frente Amplio, Constanza Villalobos destacó la trayectoria nacional e internacional de la expresidenta y calificó su presencia como un hito para la construcción de una coalición opositora. Sin embargo, también puso el acento en la falta de respuestas del Ejecutivo.
“Hay un gobierno que no ha logrado imprimir un rumbo claro ni ha logrado responder con eficacia a las expectativas de la ciudadanía”, afirmó. Aunque reconoció que todavía falta tiempo para ordenar las conversaciones presidenciales, insistió en que la tarea inmediata consiste en levantar un proyecto que responda a las demandas ciudadanas.
“Más de lo mismo”
En tanto en la derecha, Renán Cabezas, presidente regional de Renovación Nacional, sostuvo que Bachelet “representa más de lo mismo, no una renovación para el país”. A su juicio, adelantar la carrera presidencial evidencia ansiedad política, cuando las prioridades deberían ser la seguridad, el empleo y el crecimiento.
Isabel Troncoso, presidenta regional de la UDI, fue más crítica y cuestionó que la exmandataria vuelva a concentrar la atención en lugar de dar espacio a nuevos liderazgos. También reivindicó la necesidad de evaluar sus dos gobiernos, con cuestionamientos a la gestión de emergencias, las reformas y el desempeño económico. Su postura apuntó a convertir el legado de Bachelet en un eje de la futura disputa electoral.
Cecilia Medina, presidenta regional del Partido Republicano, también rechazó la posibilidad de que la expresidenta vuelva a encabezar una alternativa presidencial. “Estamos hablando de una expresidenta que ya gobernó dos veces y de un sector que vuelve a ofrecer recetas que Chile ya conoció”, afirmó. Agregó que los gobiernos de Bachelet “sembraron muchos de los males que hoy aquejan al país” y que la actual administración “está concentrada en hacerse cargo de ellos”.
Jorge Ávila, presidente regional de Evópoli, planteó que la irrupción de Bachelet también responde a las dificultades de la centroizquierda para proyectar nuevos liderazgos. Aunque reconoció la experiencia de la exmandataria, advirtió que una figura por sí sola no resuelve el problema de articulación política.
“Resulta muy llamativo que solo a siete meses de iniciado este gobierno el debate esté puesto en las próximas presidenciales y no en las propuestas que necesita Chile”, sostuvo.




