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Playas para todos

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La proximidad de una nueva temporada estival vuelve a poner sobre la mesa una deuda que Ñuble no debiera seguir postergando: garantizar que las personas con discapacidad o movilidad reducida puedan acceder efectivamente a sus playas, sin depender de la ayuda física de terceros ni exponerse a situaciones que comprometan su seguridad y dignidad.

El caso de Rinconada de Taucú, en Cobquecura, expuesto recientemente a través de un video que muestra a una niña en silla de ruedas siendo trasladada en brazos por sus familiares para llegar hasta la arena, constituye una evidencia elocuente de esta carencia. La situación ocurrió durante una actividad en beneficio de la Teletón, lo que agrega un componente particularmente simbólico a una escena que no debiera repetirse en ningún balneario de nuestra región.

Lo paradójico es que Cobquecura ya cuenta con experiencias que demuestran que avanzar en accesibilidad universal es posible. Buchupureo y La Lobería disponen de infraestructura que facilita el desplazamiento de personas con movilidad reducida, a través de pasarelas de madera. En cambio, Rinconada de Taucú, pese a ser un sector concurrido y reconocido por su atractivo turístico, carece de una conexión adecuada entre el borde costero y la playa.

Es cierto que en el lugar existen rampas peatonales y estacionamientos construidos bajo estándares de accesibilidad universal, pero estas obras no resuelven el problema principal: llegar hasta la arena. Esa distancia, que para la mayoría de los visitantes representa apenas unos metros, puede convertirse en una barrera infranqueable para una persona que utiliza silla de ruedas o tiene dificultades de desplazamiento.

La solución requiere coordinación entre el municipio, la Armada y la Dirección de Obras Portuarias, considerando además las características naturales del sector, particularmente la presencia de un pequeño estero que podría condicionar la construcción de un puente o pasarela. No se trata, por tanto, de improvisar una estructura, sino de encargar los estudios necesarios y establecer responsabilidades para materializar una solución segura y permanente.

El alcalde de Cobquecura ha manifestado la disposición de incorporar esta necesidad a una cartera de iniciativas de accesibilidad universal para el período 2027-2028. Es una señal positiva, aunque también plantea una interrogante inevitable: ¿deben las familias esperar dos temporadas más para contar con una infraestructura que les permita disfrutar de un espacio público en igualdad de condiciones?

La discusión adquiere mayor relevancia en una región que acaba de inaugurar su centro Teletón, un hito de descentralización que representa un avance concreto en inclusión y oportunidades para niños, jóvenes y adultos con discapacidad. La instalación de este centro, que acercará prestaciones de rehabilitación a cientos de familias, también debiera contribuir a elevar la conciencia regional respecto de las barreras que todavía persisten en la vida cotidiana.

Porque la inclusión no puede limitarse a disponer de centros especializados, programas de rehabilitación o campañas solidarias. También debe expresarse en las calles, los edificios públicos, los espacios recreativos y, por supuesto, en el acceso a los bienes naturales que pertenecen a todos.

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