La anticipación con que las autoridades regionales han abordado la próxima temporada invernal en el eje Valle Las Trancas–Nevados de Chillán constituye una señal positiva. La experiencia de años anteriores —marcados por congestión, accidentes y desorden en la operación de servicios— obligaba a una respuesta más coordinada, y el plan presentado apunta precisamente en esa dirección.
La implementación de horarios diferenciados de subida y bajada en la ruta N-55, junto con el refuerzo en la mantención del camino, el despeje temprano de nieve y el monitoreo constante de las condiciones climáticas, son medidas que buscan ordenar el flujo vehicular y reducir riesgos en uno de los destinos turísticos más demandados del sur de Chile durante el invierno. A ello se suma una mayor coordinación entre servicios públicos, municipios y actores privados, así como el fortalecimiento de la presencia policial y de los equipos de emergencia.
Todo esto resulta especialmente relevante si se considera el crecimiento sostenido de la actividad turística en el sector. Con más de 5.200 camas formales y miles de empleos asociados directa e indirectamente, el buen funcionamiento de la ruta no solo es un asunto de seguridad, sino también de desarrollo económico regional.
En este contexto, la regulación del uso de cadenas aparece como uno de los avances más significativos. La definición de puntos específicos para su instalación, junto con la fiscalización a quienes ejerzan esta labor sin autorización, apunta a corregir prácticas que en temporadas anteriores no solo generaron desorden, sino también daños a la calzada y mayores riesgos para los conductores.
Este es precisamente uno de los ámbitos donde la fiscalización debe ir más allá. No basta con ordenar dónde y quién instala cadenas; también es necesario poner atención a prácticas abusivas que se repiten cada invierno. La oferta de servicios en días donde no se requieren cadenas, o el cobro de tarifas desproporcionadas —que en algunos casos alcanzan hasta la mitad del valor de una cadena nueva—, son situaciones que afectan directamente a los visitantes y deterioran la imagen del destino.
El desafío, por tanto, no es solo operativo, sino también de transparencia y equidad. Un destino que aspira a estándares nacionales e internacionales no puede normalizar prácticas que rozan la especulación o el aprovechamiento de la necesidad. La experiencia turística comienza en la ruta, y cualquier distorsión en ese primer contacto impacta en la percepción global del visitante.
Por ello, así como se ha puesto énfasis en la seguridad vial y la conectividad, resulta indispensable reforzar los mecanismos de control sobre los servicios asociados. La coordinación público-privada debe incluir también un compromiso ético de quienes participan de esta cadena de valor.
El plan invierno 2026 avanza en la dirección correcta. Ordena, previene y proyecta. Pero su éxito dependerá, en gran medida, de la capacidad de las autoridades para fiscalizar con rigor y de los actores involucrados para actuar con responsabilidad. Solo así será posible consolidar a Las Trancas y Termas de Chillán como un destino competitivo, seguro y, sobre todo, confiable.



