Señor Director:
La Región de Ñuble enfrenta hoy una oportunidad estratégica que no debiera seguir postergándose: la habilitación del aeródromo de Chillán como aeropuerto regional. No se trata solo de una aspiración local, sino de una decisión con impacto económico, social y territorial.
Ñuble ya es una región exportadora relevante, con envíos que superan los US$ 1.000 millones anuales. Destacan productos agroindustriales como arándanos, frambuesas, cerezas y otros berries, muchos de ellos altamente sensibles al tiempo, así como también el sector forestal. Estos productos llegan a mercados exigentes como Estados Unidos y China, insertando a la región en cadenas globales reales.
Sin embargo, esta capacidad exportadora convive con una limitación estructural: la dependencia de infraestructura externa para su salida al mundo. En el caso de los productos frescos, los tiempos de traslado impactan directamente en su valor, competitividad y acceso a mejores mercados. La conectividad aérea, en este contexto, no es un lujo, sino una herramienta habilitante.
A ello se suma el potencial turístico de Ñuble —desde Nevados de Chillán hasta su costa y patrimonio cultural—, que requiere mejores condiciones de acceso para desplegarse plenamente. No es casual, además, que existan líneas aéreas interesadas en operar en la región, lo que da cuenta de una demanda estudiada y no de una apuesta incierta y antojadiza.
En este escenario, la decisión es principalmente política: priorizar infraestructura que permita a Ñuble dejar de depender y comenzar a proyectarse con mayor autonomía. Postergar es mantener brechas; avanzar es reconocer una realidad productiva existente y potenciarla con visión de futuro.
Gabriel Molina Garrido
Diplomado en Participación Ciudadana / UACH




