El mapa de la militancia política en Chile experimentó cambios relevantes entre febrero de 2024 y marzo de 2026. Según cifras del Servicio Electoral (Servel), el número total de militantes pasó de 410.179 a 450.194 a nivel nacional, mientras que en Ñuble aumentó de 9.763 a 10.896 inscritos. Detrás de ese crecimiento aparecen fenómenos distintos: el auge de nuevas fuerzas políticas, el desgaste de partidos tradicionales y las tensiones que genera el actual sistema de subsistencia legal de las colectividades.
El principal salto lo protagoniza el Partido Nacional Libertario, que en menos de dos años alcanzó 50.670 militantes en el país y 1.219 en Ñuble, transformándose inmediatamente en la colectividad con mayor número de afiliados tanto a nivel nacional como regional. Su irrupción alteró el equilibrio interno del sistema y desplazó a partidos históricamente dominantes.
Hasta antes de ese fenómeno, el Frente Amplio encabezaba el padrón nacional. Sin embargo, tras la unificación de Revolución Democrática y Convergencia Social, la colectividad pasó de 62.625 militantes a 56.169, registrando una de las mayores bajas del período. En Ñuble, el retroceso también fue significativo, pasando de 947 a 804 inscritos.
Entre los partidos tradicionales, Renovación Nacional mostró uno de los mayores crecimientos absolutos, aumentando de 39.103 a 41.614 militantes en el país y de 1.010 a 1.150 en la región. Similar comportamiento tuvo el Partido de la Gente, que subió de 41.022 a 43.137 afiliados a nivel nacional y de 1.028 a 1.158 en Ñuble.
En contraste, las mayores caídas afectaron a la Democracia Cristiana, el Partido Radical y Evópoli. La DC perdió cerca de cuatro mil militantes en el país, mientras que el radicalismo cayó de 26.051 a 24.199 afiliados. Evópoli, en tanto, descendió de 17.006 a 14.261 inscritos.
El caso de los radicales
Pese a ello, el caso radical muestra una particularidad que en Ñuble es observada con atención. Aunque la colectividad enfrenta un proceso de eventual disolución por no cumplir determinados requisitos de representación parlamentaria, mantiene una base regional considerable: con 894 militantes sigue siendo uno de los partidos con mayor presencia territorial en la zona, superando incluso a colectividades con mejor desempeño electoral reciente.
La situación refleja una tensión creciente en el sistema político chileno. Mientras la legislación privilegia criterios nacionales y parlamentarios para determinar la continuidad de los partidos, en regiones persisten estructuras históricas con arraigo local, redes municipales y presencia territorial activa.
En Ñuble, el radicalismo conserva parte importante de ese capital político construido durante décadas, especialmente en comunas donde mantiene vínculos con el mundo municipal y dirigencial. La paradoja es evidente: un partido amenazado de desaparecer institucionalmente sigue exhibiendo una musculatura regional superior a la de colectividades emergentes o parlamentariamente más competitivas.
Al respecto, el presidente regional del Partido Radical, César Calderón, sostuvo anteriormente que el partido mantiene “una base política vigente en los territorios”, destacando que el respaldo obtenido en elecciones locales demuestra una representación que, a juicio de la colectividad, no queda reflejada únicamente en los criterios parlamentarios establecidos por la ley.
¿Militanes fantasmas?
Pero, ¿Qué tan representativos son los números de militancia en nuestro país?
Según la politóloga y académica de la U. de Concepción, Jeanne Simon, “claramente los partidos tienen muchos militantes porque cada uno de ellos necesitaba una serie de firmas para hacerse partido o refichar. Ahora, como sabemos, son una especie de ‘militantes fantasmas’. Por eso hay que ver qué compromisos, qué mecanismo de comunicación existe entre la cúpula de los partidos y el partido en sí, y cómo se van tomando decisiones. La sensación que tengo, aunque no ha sido estudiado, es que los nuevos partidos no tienen una estructura tan de partido político. Eso tiene que ver con una necesidad que se va generando de una estructura más organizacional que no es solamente en torno a algunas figuras, como creo, ha sido hasta ahora”, explicó.
La evolución de las cifras también confirma otra tendencia: el progresivo debilitamiento de los partidos históricos de centroizquierda y centroderecha frente a fuerzas nuevas o más ideologizadas. Mientras colectividades tradicionales pierden afiliados, partidos emergentes logran captar parte del malestar ciudadano y del reordenamiento político posterior al ciclo constitucional.
En Ñuble, ese fenómeno adquiere matices propios. Aunque crecen las nuevas fuerzas, los partidos con redes territoriales históricas aún conservan capacidad de movilización y presencia orgánica.




