La aprobación en general de la megarreforma de reconstrucción en la Comisión de Hacienda de la Cámara abrió una nueva etapa para uno de los proyectos más relevantes impulsados por el gobierno.
Aunque el Ejecutivo logró sortear el primer trámite clave, el debate quedó marcado por advertencias fiscales, reparos al contenido de la iniciativa y un escenario político todavía inestable debido a la falta de apoyos consolidados.
La discusión se tensionó especialmente por el comportamiento del Partido de la Gente (PDG), cuyos diputados pasaron en pocos días desde amenazar con retirar respaldos al proyecto a volver a sentarse en la mesa de negociaciones con el oficialismo. Ese zigzagueo político generó cuestionamientos transversales y volvió a instalar dudas respecto de la viabilidad de los acuerdos que necesita La Moneda para sacar adelante la reforma.
Cautela entre parlamentarios
Desde Ñuble, las reacciones de los parlamentarios evidenciaron matices importantes frente al proyecto y a la forma en que el gobierno ha conducido la tramitación.
La diputada Sara Concha (PSC) llamó a mantener abiertos los espacios de negociación, sosteniendo que las tensiones forman parte de cualquier discusión legislativa compleja.
“Siempre es posible que algunos acuerdos se caigan, pero también entendemos que esto es parte normal de cualquier proceso de diálogo, explicación y negociación legislativa”, sostuvo.
La parlamentaria agregó: “nosotros creemos que esta reforma es necesaria para avanzar en mayor justicia y estabilidad para el país”, defendiendo la necesidad de construir entendimientos que permitan viabilizar la iniciativa. “Muchas veces los apoyos se tensionan y luego se reponen, y eso también es parte de la dinámica propia de la discusión política y legislativa”, afirmó.
En una línea más moderada, el diputado Carlos Chandía (RN) respalda la aprobación de la idea de legislar, aunque planteó que el proyecto debe ser revisado artículo por artículo antes de su despacho definitivo.
“Lo que yo he dicho desde un primer momento es que acá nada está escrito en piedra, no hay que casarse con las propuestas propias a todo evento, y eso va para ambos lados”, expresó. Chandía añadió: “me parece razonable aprobar la idea de legislar, así como luego de eso analizar y mejorar con mucha detención cada artículo del proyecto”. Apuntó también las observaciones realizadas por el Consejo Fiscal Autónomo y la oposición.
Más crítico fue el diputado Francisco Crisóstomo (PS), quien apuntó directamente al rol que ha jugado el PDG en la discusión. “Lo ocurrido en las últimas horas deja en evidencia la fragilidad y las contradicciones del PDG frente a una discusión tan importante para Chile. Pasaron de anunciar un quiebre total a volver rápidamente a la mesa, generando más incertidumbre que certezas”, cuestionó.
El parlamentario sostuvo además que “la ciudadanía espera coherencia y convicción, no movimientos tácticos que cambian de un momento a otro”. Insistió en que la reforma todavía genera dudas importantes sobre sus efectos en la clase media y en las regiones.
En tanto, el diputado Felipe Camaño endureció aún más sus críticas, acusando una tramitación apresurada y advirtiendo riesgos para las finanzas públicas.
“Hoy se está impulsando una tramitación acelerada de una megarreforma que, a mi juicio, no entrega soluciones reales ni concretas a las familias que más lo necesitan”, afirmó.
Camaño recordó además las advertencias del Consejo Fiscal Autónomo. “Incluso el Consejo Fiscal Autónomo advirtió riesgos fiscales relevantes que podrían comprometer la sostenibilidad financiera del país si no se corrigen”, sostuvo.
El legislador también cuestionó duramente el comportamiento político del PDG. “No deja de llamar profundamente la atención la voltereta política del PDG. Fueron duros críticos de mi llegada a la vicepresidencia de la Cámara con votos de la derecha, pero luego terminaron negociando con los mismos sectores que tanto cuestionaban”, lanzó.




