Señor Director:
La ley de 40 horas no es un tema de tiempo, sino de cómo trabajamos. Muchas veces los equipos no están saturados por falta de horas, sino por falta de foco y claridad en los roles. Las empresas que rediseñen su forma de trabajo saldrán fortalecidas; las que lo vean solo como restricción, tensionarán más a sus equipos.
Operativamente, obliga a simplificar; financieramente, a enfocarse en productividad real; y culturalmente, desafía liderazgos aún centrados en el control.
Pero hay algo más profundo: la inteligencia artificial nos saca de lo operativo. Hoy muchas respuestas las da la tecnología, por lo que el valor está en lo humano.
El riesgo es reducir la jornada sin cambiar nada. Bien implementado, puede ser un punto de inflexión hacia equipos más autónomos y culturas enfocadas en resultados.
La clave no es cuántas horas trabajamos, sino qué tan bien lo hacemos dentro de ellas.
María Ignacia Matte
Consultora Estratégica




