Al cumplir ocho años como región, Ñuble tiene una oportunidad para evaluar cuánto ha avanzado y, sobre todo, cuánto falta para cumplir las expectativas que dieron origen a su creación. El reciente informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), con datos de 2024, entrega una señal que no puede pasar inadvertida: aunque existen avances, persisten importantes brechas de desarrollo humano, tanto respecto de las regiones vecinas como entre las propias comunas. Reducirlas debe convertirse en una prioridad efectiva de las políticas públicas regionales.
El Índice de Desarrollo Humano, que considera salud, educación y nivel de vida, muestra que Ñuble alcanza un promedio simple comunal de 0,555, por debajo de Maule (0,578) y Biobío (0,599), aunque por encima de La Araucanía (0,527). No es una medición que resuma por sí sola toda la realidad regional, pero sí de un indicador relevante para observar las oportunidades que tienen las personas según el territorio en que viven.
La desigualdad interna es especialmente preocupante. Chillán y Chillán Viejo son las únicas comunas que alcanzan el nivel medio-alto, mientras siete permanecen en el tramo bajo. San Ignacio y El Carmen registran los menores índices, con 0,484 y 0,488, respectivamente. Detrás de estas cifras hay diferencias concretas en las posibilidades de acceder a mejores condiciones de vida, empleos e ingresos.
La creación de Ñuble como región respondió, precisamente, a la aspiración de acercar el Estado a las personas, fortalecer la capacidad de decisión territorial y generar mejores condiciones para el desarrollo. A ocho años de ese hito, la persistencia de estas brechas obliga a preguntarse cuánto de ese propósito se ha traducido en oportunidades reales para las comunas más rezagadas.
El informe entrega una pista fundamental para orientar las decisiones. La educación aparece como una fortaleza relativa, mientras los ingresos constituyen el componente más débil. En Chillán, por ejemplo, el índice educacional llega a 0,800, pero el de ingresos apenas alcanza 0,467. Esto demuestra que ampliar las capacidades educativas, siendo indispensable, no basta si esas capacidades no se traducen en empleos de calidad, mejores remuneraciones y mayor productividad.
La tarea exige políticas públicas capaces de conectar educación, actividad económica y oportunidades laborales. También supone considerar las particularidades de las comunas rurales, donde la estructura productiva, la distancia respecto de los centros de servicios y las menores oportunidades pueden profundizar las desventajas. Elevar el promedio regional no será suficiente si los avances se concentran en los principales centros urbanos.
A esta desigualdad territorial se suma la brecha de género. El promedio simple comunal del IDH femenino en Ñuble alcanza aproximadamente 0,514, frente a 0,570 en los hombres. Aunque la diferencia es ligeramente inferior a la nacional, el informe advierte que su principal componente es económico, asociado a las brechas salariales, la menor participación laboral femenina y las dificultades de acceso al empleo formal. Avanzar en desarrollo humano también requiere remover esas barreras.
En este escenario, el aniversario regional debiera servir para renovar compromisos y establecer metas verificables. El Gobierno Regional, los municipios y los servicios públicos necesitan utilizar estos antecedentes para identificar prioridades, focalizar recursos y evaluar periódicamente si las iniciativas implementadas están mejorando las condiciones de vida de quienes habitan las comunas con mayores rezagos.




