Andrés, Nicole y Javiera son parte de los 43 jóvenes ñublensinos seleccionados en una segunda convocatoria para ingresar a la Escuela de Formación de Carabineros de Chile este año.
Los ñublensinos iniciarán en agosto próximo su proceso académico para convertirse en nuevos uniformados comprometidos con la seguridad y orden público en el territorio nacional.
Los jóvenes buscan ingresar a las filas en medio de una disminución de la dotación policial registrada en los últimos años a nivel nacional, lo que ha llevado al gobierno actual a buscar fórmulas para revertir esta tendencia. Este viernes envió indicaciones a un proyecto que busca modernizar el sistema de incentivos, extender la carrera para los futuros ingresos a Carabineros y fortalecer la gestión de la institución. Con ello, el objetivo es detener la caída de uniformados al término de 2027 y mejorar la eficiencia operativa mediante nuevas herramientas tecnológicas y de gestión.
Pese a ello, la sede de Ñuble ha sido una de las con mayor cantidad de seleccionados. Los cupos destinados a la zona se completan cada año. Aunque estos varían en número, ya que dependen de la capacidad del sistema para recibir a los jóvenes de distintos puntos del país.
Desde Carabineros informaron que este año, con los procesos de selección de febrero y julio, ingresarán 99 jóvenes. En 2025, fueron 85 seleccionados y en 2024, 87 aspirantes.
Sueña con integrar el OS-9
Andrés Ignacio Lagos Ortiz, de 18 años, es un joven oriundo de Ninhue. Es hijo de agricultores y ex estudiante del Liceo Arturo Prat, donde fue presidente del centro de alumnos.
Desde temprana edad sintió interés por integrar las filas de Carabineros tras vivir su primer acercamiento con la institución a partir de un acto escolar por motivo del aniversario, oportunidad donde efectivos policiales mostraron parte de su trabajo y exhibieron un radiopatrulla, experiencia que marcó profundamente al entonces estudiante.
“Eso fue lo que más me gustó. De inmediato yo dije: este es mi norte para seguir mi futuro”, recuerda.
Aunque tras egresar de enseñanza media ingresó a estudiar Trabajo Social en una institución de educación superior en Chillán, su permanencia duró apenas una semana. La vocación policial terminó imponiéndose.
“Le dije a mi papá que para qué íbamos a seguir gastando si esa carrera no me gustaba y mi verdadera vocación era ser carabinero. Gracias a Dios resultó y quedé seleccionado”, señala.
Andrés asegura que lo motiva el espíritu de compañerismo y el contacto permanente con la comunidad que mantienen los efectivos policiales. Aunque también el rápido ingreso al mercado laboral y la posibilidad de desarrollar una carrera policial.
“Estar para el otro cuanto me necesite. Carabineros se destaca por su empatía con la comunidad, de dar solución a problemas. También, me motiva la estabilidad laboral por la posibilidad de acceder a un trabajo seguro en comparación a otras profesiones”, destaca.
Pese a que reconoce los peligros que enfrenta el personal policial, especialmente en el combate contra la delincuencia y el crimen organizado, afirma que nunca dudó de su decisión.
“Lo veo de otra manera, porque al final, en cualquier profesión que uno estudie, el peligro siempre va a existir. Eso no me mantiene preocupado. Al final, si las cosas tienen que pasar, y si algún día, por el mismo motivo, fallezco en un procedimiento, voy a morir feliz cumpliendo mi sueño de ser carabinero”, admite.
Sus padres, reconoce, sienten preocupación, pero han respaldado plenamente su elección.
“Siempre me dicen que me cuide y que no me exponga mucho, pero entienden que si uno hace su trabajo igual tiene que exponerse a riesgos. A pesar de que la decisión fue difícil, porque asesinan a carabineros, realmente estoy muy feliz por el apoyo que me han brindado hasta el día de hoy”, comenta.
El ingreso a Carabineros no fue fácil. Andrés tuvo que sortear diversas evaluaciones psicológicas, entrevistas personales y exigentes pruebas físicas.
“Fueron pruebas bastante difíciles, igual uno corría el riesgo de no estar seleccionado, pero en el fondo fue una postulación muy tranquila, porque tanto en prueba psicológica y de preparación física, los profesionales eran muy cercanos y te hacían sentir muy seguro”, expresa.
En las pruebas deportivas obtuvo resultados positivos.
“En los mil metros, de los tres minutos y medio, me excedí un poco y pasé 4 minutos. En el test de agilidad, que son trayectos como de 40 metros, de ir y volver rápidamente, la pasé con nota 7. La otra prueba, que son como 30 o 35 flexiones de brazos en un minuto, también la pasé con nota 7”, detalla.
Una vez dentro de la institución, Andrés tiene claro el camino que le gustaría seguir: investigar delitos de alta complejidad y desarticular el crimen organizado.
“La especialidad del OS-9, a mí me gusta mucho. Soy una persona que le gusta mucho la adrenalina y enfrentar procedimientos extremos. Como allanamiento en poblaciones, por dar un ejemplo. Efectivamente, soy una persona muy de terreno. De hecho, vivo en el campo y yo sé lo que es estar en terreno”, reconoce.
El joven asegura que sus principales metas son desempeñar su labor con profesionalismo y entregar respuestas concretas a quienes requieran ayuda.
“Quiero hacer bien mi trabajo, ser profesional con todos los materiales que me entrega la institución. El valor que me entrega la institución es el profesionalismo y a mí me gusta siempre hacer las cosas bien, como me han inculcado mis padres. (…)Soy una persona que busca todos los métodos para darle una solución a un problema”, expresa.
De la salud al servicio policial
La joven, de 22 años, Nicole Farías Sandoval, es Técnico en Enfermería, egresada de Inacap, al igual que su hermana gemela. Ambas decidieron dejar sus trabajos en el Cesfam de Ninhue, tras dos años de ejercicio, para asumir un nuevo desafío, pero esta vez desde la vereda policial.
“Ha sido un sueño para ambas desde pequeña, el servir acá en Salud, por vocación, de tener contacto con la gente, pero siento que en la institución de Carabineros podría llevar más allá esta vocación y ser una ayuda más significativa para mi país”, dice.
La joven reconoce que brindar seguridad a la comunidad conlleva riesgos asociados, pero asegura que ello no ha debilitado su determinación.
“Todos, algunas veces tenemos miedo, pero el miedo no puede dejar que nosotros dejemos de hacer las cosas o perseguir nuestros sueños. En todos los lugares van a haber peligros y vale la pena pertenecer a esta institución que tiene un trabajo tan noble”, comentó.
A lo largo del tiempo, la institución ha pasado por crisis como el estallido social, donde la fuerza policial enfrentó un profundo proceso de cuestionamiento institucional, no obstante, Nicole confía en la formación que recibirá para desempeñar adecuadamente sus funciones.
“La verdad que son situaciones bastante complejas que se han ido dando. En mi caso siento que con la preparación suficiente voy a poder llevar a cabo mi trabajo y poder evitar algún tipo de situaciones similares a estas”, expresa.
El camino para ingresar a la institución no estuvo exento de dificultades. Nicole explica que el proceso de postulación implica asumir diversos costos, ya que los exámenes deben realizarse de manera particular.
“Cuando uno es más pequeño, obviamente no tiene los recursos propios para poder costear esta postulación. Cuando uno postula, uno sabe que, en caso de quedar seleccionado como lo tuvimos, hay varias cosas que costear. Entonces, ya siendo un poco más adulta, con un trabajo independiente, son cosas que podemos costear”, comenta.
A ello se sumó una intensa preparación física para enfrentar las pruebas de admisión.
“La verdad es que nos preparamos bastante, sobre todo en lo físico. Sabíamos que eran pruebas exigentes, por lo cual empezamos a prepararnos con meses de anticipación. Salimos a correr, a comer más saludable, a hacer ejercicio, a salir a caminar, y lo complementamos. La verdad es que sí, yo vi muchas personas quedarse en el proceso porque son pruebas rigurosas en cuanto a las pruebas psicológicas y físicas, todo a costa de una preparación previa”, advierte.
Aunque no necesariamente permanecerán juntas durante toda su formación, las hermanas valoran la posibilidad de vivir este proceso al mismo tiempo.
“Lo más importante es que vamos a cumplir nuestros sueños juntas. Aunque no estemos siempre en el mismo lugar, vamos a estar cerca y podremos apoyarnos mutuamente durante esta etapa”, expresó.
Entre sus aspiraciones futuras, Nicole no descarta especializarse e integrar el Grupo de Operaciones Policiales Especiales (GOPE), una de las unidades más exigentes de Carabineros, cuyas tareas van desde desactivar bombas a rescates en zonas de difícil acceso.
“Me proyecto continuando con mi formación, si Dios lo permite, ingresando a las escuelas de suboficiales y también podría ser la especialidad del GOPE. Es un área muy completa, con una preparación intensa que está destinada a operativos complejos”, subraya.
Finalmente, la joven aseguró que la estabilidad laboral que ofrece la institución no fue el principal motivo para postular.
“En estas instituciones es algo característico, pero no es algo que nos haya llamado a nosotros. La estabilidad laboral la puede encontrar en distintas partes, pero la labor de Carabineros de servir a la sociedad es gratificante”, concluye.
Ese mismo compromiso con la institución policial siente su hermana, Javiera Farías Sandoval (22).
La joven aseguró que asume esta nueva etapa con la convicción de formarse profesionalmente para aportar a la seguridad de la comunidad y seguir creciendo al interior de la institución.
“Esperamos formarnos con profesionalismo, aprender lo más posible, prepararnos para servir a nuestro país. Tenemos claro que esta etapa está recién comenzando y que será un camino de gran esfuerzo, disciplina y compromiso, pero también estamos seguras de que será una gran etapa en nuestras vidas, en la cual podamos crecer como personas y como profesionales en la noble institución que es Carabineros de Chile”, manifiesta.
La joven reconoció que la labor policial implica riesgos, pero sostuvo que la vocación de servicio está por sobre esas dificultades.
“Si bien es una labor arriesgada es algo que vamos a hacer más que nada por vocación, si hay que entregar la vida por servir a la patria lo vamos a hacer”, dice.
Desde pequeña, comenta, sintió admiración por la institución y por el trabajo que desarrolla junto a la comunidad.
“Admiro mucho esta institución. La labor que se realiza en la comunidad, estar con la gente, brindarle seguridad”, valora.
Respecto de sus proyecciones, Javiera explicó que espera completar su formación, desempeñarse en terreno y continuar perfeccionándose para avanzar en su carrera institucional.
“La verdad, terminar mi formación, empezar a trabajar y si Dios me lo permite, más adelante poder ingresar a la escuela de suboficiales. Me llama la atención todo en realidad, pero creo que Siat me gustaría desempeñarme, porque encuentro que es una labor muy precisa. Me gusta ayudar a entender qué realmente sucedió en los casos”, comenta.
La futura carabinera también recordó la satisfacción que significó superar el exigente proceso de selección, destacando el respaldo permanente de su familia.
“Para nosotros fue una satisfacción muy grande, pero a la vez, muy gratificante, ya que en esto no solo hemos podido superar cada una de las pruebas, sino que también hemos demostrado a nosotras mismas las capacidades que tenemos para poder realizarlo ya y en especial hemos contado con todo el apoyo de nuestra familia”, destaca.




