Eso de tomar precauciones, adoptar medidas preventivas o instalar cámaras de seguridad para evitar el abigeato “es algo que uno por años le escucha a políticos y autoridades que no tienen idea de lo que es ser ganadero. Prevenir es imposible para nosotros”, sostiene Alfredo Schmidt, dirigente de la CAR Ñuble.
El agricultor y ganadero ha cuestionado durante años la respuesta de las instituciones encargadas de perseguir este delito. Su crítica también tiene un componente personal. “Hablo por la herida. Hace unos años también me tocó encontrarme con mis animales despedazados. Me dejaron los puros huesos y nunca se supo qué pasó”, recuerda.
Sin embargo, reconoce que algo ha cambiado en el último tiempo. Aunque mantiene sus reparos respecto de la persecución del abigeato, la creación de la Patrulla de Investigación Táctica Rural de Carabineros modificó su percepción sobre el trabajo policial.
“Esta nueva Patrulla Táctica Rural sí ha dado resultados. Y nos tiene muy contentos porque como CAR los hemos ayudado, les hemos facilitado vehículos, drones y otras herramientas. Entonces ahora sí se siente su presencia, han mejorado los tiempos de respuesta y los resultados son mucho mejores”, afirma.
Para Schmidt, el cambio más importante es que hoy existe una unidad policial que se desplaza por los caminos rurales y responde con mayor rapidez ante los robos.
La CAR ha colaborado con una camioneta, drones, teléfonos y otros recursos, a los que se suman visores nocturnos para las labores de observación.
“Yo converso con los camioneros todos los días por los fletes de los animales, y ellos me dicen que, si podemos pasar ahí la noche, hay un robo de animales o una muerte de animales, inmediatamente va la Patrulla Táctica Rural a investigar. Entonces el delincuente ve que hay cierta preocupación”, relata.
Una unidad para todo Ñuble
La Patrulla de Investigación Táctica Rural, dedicada al delito de abigeato en Ñuble, nació en febrero de 2024. Su creación respondió al aumento de este ilícito y a la necesidad de proteger el patrimonio de agricultores, ganaderos y personas vinculadas a la producción campesina.
Su ámbito de acción comprende las 21 comunas de la región, a diferencia de las secciones de investigación policial (SIP), que desarrollan diligencias dentro de sus respectivas jurisdicciones.
La unidad está a cargo del suboficial Mauricio Méndez Figueroa y trabaja conforme a las instrucciones del Ministerio Público, mediante requerimientos de fiscales u órdenes de investigar.
El prefecto (s) de Ñuble, teniente coronel José Luis Villegas, explica que la información entregada por los productores sobre movimientos inusuales de animales, personas desconocidas o situaciones sospechosas permite identificar sectores y horarios que pueden presentar mayores riesgos.
La labor preventiva considera el análisis de los lugares más afectados, la identificación de patrones delictuales y el despliegue de servicios en zonas rurales, caminos secundarios y rutas utilizadas para transportar ganado.
En los controles vehiculares también se revisa la documentación que acredita el origen de los animales.
Las comunas con más denuncias
Durante 2025 se contabilizaron 152 denuncias en la región. San Carlos encabezó los registros, con 22 casos; seguido por Ñiquén, con 15; Coihueco, con 13; y Chillán Viejo, con 11.
Entre enero y octubre de 2026, en tanto, se registraron 122 denuncias. Ñiquén y San Carlos aparecen nuevamente entre las comunas con más casos, ambas con 13; seguidas por Chillán y Yungay, con diez cada una; y Coihueco, con nueve.
La distribución también muestra diferencias respecto del registro anterior. San Carlos pasó de 22 a 13 denuncias, mientras Chillán aumentó de seis a diez y Yungay, de siete a diez. San Nicolás también registra un incremento, de seis a ocho casos.
Desde la Seremi de Seguridad Pública de Ñuble, su titular, Héctor Ponce, destacó la disminución de las denuncias durante el presente año y la atribuyó al trabajo coordinado con las policías y las direcciones de Seguridad Pública Municipal de las distintas comunas.
“Este resultado responde al trabajo coordinado y permanente que hemos desarrollado como Seremi, en conjunto con las policías y las direcciones de Seguridad Pública Municipal”, comentó.
La autoridad apunta a que “la denuncia es una herramienta fundamental, ya que permite activar las investigaciones policiales, fortalecer la focalización de los servicios preventivos y facilitar la persecución de quienes cometen este delito”.
Tecnología y terreno
Parte de las herramientas incorporadas al trabajo policial apunta a mejorar las condiciones de vigilancia e investigación en sectores rurales. Entre ellas se encuentran lectores de microchips de identificación animal, utilizados para verificar equinos que cuentan con ese sistema, además de visores nocturnos que facilitan la observación en condiciones de baja luminosidad.
La patrulla también dispone de plataformas institucionales y acceso al Sistema de Información Pecuaria (SIPEC), que permite consultar antecedentes sobre identificación, movimientos y trazabilidad del ganado. La coordinación con el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) complementa las fiscalizaciones mediante la revisión de antecedentes sanitarios y documentales.
Sin embargo, el equipamiento no elimina una de las principales dificultades de la labor policial.
“La región abarca más de 13 mil kilómetros cuadrados y los sitios del suceso suelen encontrarse en sectores rurales, a considerable distancia de las zonas urbanas”, observa Villegas.
De todas formas, advierten que la tecnología no reemplaza la presencia de funcionarios en terreno ni el conocimiento de los sectores donde se producen los delitos.
En ese punto, Schmidt también considera importante la continuidad de los equipos policiales y el conocimiento de las rutas y las personas que viven o trabajan en cada sector.
“Tiene que ser gente que conozca la zona y a la gente. El suboficial que está a cargo lleva varios años en esto. No puede llegar un tipo de Santiago a hacerse cargo. Tiene que ser baqueano en este asunto”, plantea.
De lo aislado a lo organizado
El reconocimiento al trabajo de la nueva patrulla no significa que el problema esté resuelto. Por el contrario, Schmidt advierte que las modalidades delictuales han cambiado y que hoy existen grupos con mayor organización y conocimiento de la actividad ganadera.
“Antes robaban de a poco. Hoy no. Han entrado grupos mucho más organizados. No creo que sea tan grave como el narcotráfico, pero son bandas mucho más especializadas, con más recursos”, describe.
Según su apreciación, quienes participan en estos robos saben cómo movilizar los animales y disponen de contactos y puntos de entrega. “Hoy en día roban camiones enteros”, resume.
El dirigente también menciona sectores donde la actividad delictual se mantiene y bandas que se desplazan entre distintos puntos para evitar ser detectadas. Particularmente, apunta a un foco en la zona norte de Ñuble, donde, según antecedentes que le habría transmitido personal policial, existiría un grupo que todavía no ha podido ser detenido.
“Se mueven bien, son sigilosos y tienen contactos. Desaparecen”, relata.
Por eso cuestiona las recomendaciones que suelen entregarse a los productores para evitar los robos mediante cámaras u otros sistemas de vigilancia.
“¿Cómo controlo yo una superficie de 200 hectáreas, 100 hectáreas, 300 hectáreas? Imposible”, plantea. A su juicio, la medida más efectiva es que los delincuentes sepan que existe presencia policial reiterada y que los movimientos sospechosos pueden ser detectados.
Detenidos y recuperaciones
Los resultados informados por Carabineros durante 2026 muestran parte del trabajo desarrollado por la unidad. Entre enero y octubre, la Patrulla de Investigación Táctica Rural registra 21 personas detenidas y 70 animales recuperados, cuyo avalúo total alcanza los $115.700.000.
A esos resultados se suman las actuaciones investigativas contabilizadas desde 2025 a la fecha: 100 órdenes de investigar, 50 concurrencias a sitios del suceso y una investigación de alta complejidad, entre otras diligencias, con un total de 189 actuaciones registradas.
Otro aspecto que Schmidt destaca es el aumento de las fiscalizaciones al transporte de animales y la exigencia de documentación.
Como ejemplo, relata un procedimiento ocurrido en San Nicolás, donde un ganadero y un transportista fueron detenidos y formalizados luego de trasladar animales cuya propiedad no pudieron acreditar durante un control.
“Eso luego se sabe y el resto ya se pone cuidadoso”, dice.
La situación también pone en perspectiva el impacto económico del delito. Schmidt recuerda que para quienes mantienen diez o veinte animales, el robo de una parte de su ganado puede significar quedarse sin sustento.
“Para los grandes ganaderos es muy difícil recuperar lo perdido. Imagínese para los pequeños. A esa gente que tiene diez o veinte animales, los robos les significan una catástrofe. Los dejan sin trabajo, sin sustento. Los dejan sin nada”, advierte.
Después de años de críticas, la evaluación de los ganaderos comienza a mostrar un cambio.
No porque el abigeato haya desaparecido ni porque los riesgos estén superados, sino porque ahora identifican una presencia policial que antes consideraban insuficiente.
Para Schmidt, esa diferencia ya se nota en los caminos rurales de Ñuble




