Señor Director:
Los antecedentes revelados sobre vuelos que habrían ingresado a menores extranjeros sin cumplir los requisitos migratorios exigidos vuelven a poner sobre la mesa una realidad que durante años muchos prefirieron ignorar: un país no puede sostener una política migratoria seria si no es capaz de controlar eficazmente sus fronteras y hacer cumplir sus propias leyes.
Resulta preocupante que existieran alertas previas de organismos públicos y que, pese a ello, las irregularidades continuaran ocurriendo. La protección de niños, niñas y adolescentes es una obligación fundamental del Estado, pero también lo es resguardar la institucionalidad y garantizar que quienes ingresan al país lo hagan respetando la normativa vigente.
Chile ha sido históricamente un país abierto y solidario, pero la solidaridad no puede confundirse con descontrol. La inmigración ordenada beneficia a todos; la inmigración irregular, en cambio, termina perjudicando tanto a los ciudadanos como a los propios migrantes.
La ciudadanía merece explicaciones claras, responsabilidades concretas y medidas efectivas para que situaciones como esta no vuelvan a repetirse.
Javiera Matamala Gallardo




