Señor Director:
Hay decisiones que duelen en el alma, y el fin de este programa para las mujeres de Ñuble es una de ellas.
Gracias a este espacio, muchas mujeres empezaron a creer en ellas mismas. Sanaron su autoestima, dejaron de verse como personas de segunda clase y tuvieron la inmensa valentía de decirle no al abuso y al maltrato de sus maridos.
Salieron de sus casas para comerse el mundo: se capacitaron, armaron sus emprendimientos y se ganaron su propio espacio laboral y social.
Es una pena tremenda que esto se termine. Una sociedad no avanza si no es con nosotras. Históricamente nos han castigado con peores sueldos y menos oportunidades, y hoy vemos con impotencia cómo una decisión política borra de un plumazo un programa que literalmente cambiaba vidas. El empoderamiento de la mujer no debería ser un juego político; es una necesidad urgente.
Maiten Marisol Toro Ortega




