Señor Director:
La moción que condiciona el acceso al aborto a la escucha de los latidos del embrión desvirtúa el consentimiento informado al restringir la autonomía que debiera proteger.
La actividad cardíaca embrionaria no aporta información necesaria para decidir, lo que busca es provocar culpa o angustia y así revertir una decisión ya tomada. La escucha puede rechazarse, pero entonces el médico debe negar la interrupción. Si esa “elección” implica perder una prestación que constituye un derecho adquirido, no hay autonomía, sino coacción.
La moción transforma el consentimiento en una prueba moral y la relación clínica en una instancia de corrección, perpetuando un sesgo descrito en literatura de salud que cuestiona la capacidad femenina para comprender y decidir, y las infantiliza al asumir que actúan desde la ignorancia o la desregulación emocional; supone que necesitan ser corregidas, por ejemplo, mediante un estímulo de alto impacto que despierte su insuficiente juicio ético.
Desautorizar las decisiones reproductivas de las mujeres y usar el impacto emocional para reconducirlas hacia lo que otros juzgan correcto es violencia institucional. La medicina debe cuidar e informar no disciplinar. Esto es pedagogía moral convertida en ley.
Ps. Daniela Rojas Miranda
Psicóloga especialista en Bioética UDP



