Por segunda vez en su trayectoria, Emilio de la Cerda ocupa el cargo de subsecretario del Patrimonio Cultural, una responsabilidad que ya ejerció durante el segundo gobierno de Sebastián Piñera y que hoy le permite retomar iniciativas y proyectos que conoció e impulsó en su anterior gestión. Esa experiencia le otorga una mirada privilegiada sobre la realidad patrimonial de Ñuble, una región cuyos desafíos conoce de cerca y donde varias iniciativas han continuado avanzando a través de distintas administraciones.
Esta semana, la autoridad desarrolló una extensa agenda en la región, que incluyó encuentros con las alfareras de Quinchamalí, una visita a los trabajos de recuperación del mural de Julio Escámez, un recorrido por la Casa Gonzalo Rojas y los terrenos donde se proyecta el futuro Museo Regional de Ñuble, entre otros espacios de interés patrimonial. En conversación con La Discusión, De la Cerda abordó los avances y desafíos de estas iniciativas, la tramitación de la nueva Ley de Patrimonio Cultural y los efectos que podrían tener los ajustes presupuestarios de 2027 sobre la protección y conservación del patrimonio nacional.
-¿Qué ha significado en lo personal y profesional volver a ocupar este cargo, que ya desempeñó durante el segundo gobierno de Sebastián Piñera?
-Es un privilegio y una enorme responsabilidad, porque trabajamos con bienes culturales que son simbólicos para toda la población. Me importa mucho el patrimonio del país y los equipos que trabajan en su protección. En mi anterior gestión quedaron encaminadas iniciativas importantes, como la postulación de la alfarería de Quinchamalí a la Unesco y el proyecto del Museo Regional de Ñuble, que tuvieron continuidad durante el gobierno del presidente Boric. Pero una de mis principales motivaciones para regresar es sacar adelante la nueva Ley de Patrimonio Cultural. Durante el gobierno de Piñera logramos su aprobación en primer trámite en la Cámara de Diputados, en marzo de 2022, y posteriormente el gobierno de Boric continuó el proceso, realizó la consulta indígena e incorporó indicaciones. Hoy tenemos la oportunidad de concluir esa reforma, que considero fundamental para modernizar nuestro sistema de protección patrimonial. Necesitamos avanzar hacia una institucionalidad más descentralizada, que incorpore adecuadamente el patrimonio inmaterial y que no se limite a proteger legalmente los bienes, sino que también contemple herramientas efectivas de gestión, financiamiento y conservación.
-En relación con la necesidad de fortalecer la Ley de Monumentos Nacionales, tenemos el caso de la Casa Gonzalo Rojas, que fue declarada Monumento Histórico a raíz de la construcción de un edificio contiguo. Sin embargo, el proyecto inmobiliario siguió adelante, afectando especialmente el entorno del Torreón del Renegado, que el poeta construyó para contemplar la cordillera. ¿No demuestra esto las limitaciones de la actual legislación?
-Tiene mucha relación. Históricamente, la protección del patrimonio ha respondido a una lógica reactiva: algo se destruye y entonces reaccionamos. Pero hoy entendemos que no basta con proteger un edificio de manera aislada, sino que también debemos resguardar su entorno, el paisaje y su relación con la ciudad. Por eso necesitamos avanzar hacia herramientas de protección más integrales, vinculadas a la planificación territorial. La nueva Ley de Patrimonio Cultural apunta precisamente en esa dirección, incorporando categorías de zonas patrimoniales y mecanismos para armonizar su protección con los instrumentos de planificación urbana. A veces resulta más efectivo modificar un plan regulador, estableciendo límites de altura, que proteger únicamente un inmueble. Porque un edificio construido fuera del perímetro protegido igualmente puede afectar su valor patrimonial al bloquear una vista significativa. Eso ocurre en distintos lugares del mundo, donde las presiones del desarrollo inmobiliario obligan a repensar los mecanismos de protección. En el caso de la Casa Gonzalo Rojas, el problema es precisamente ese: hay bienes cuyo valor está estrechamente ligado al territorio donde se emplazan. Pensemos en la casa de Nicanor Parra en Las Cruces, cuya relación con el mar es fundamental. Si un edificio le bloqueara esa vista, aunque estuviera a 200 metros, se afectaría parte de su valor. Lo mismo sucede con la casa de Pablo Neruda en Isla Negra. No podemos entender esos espacios patrimoniales separados del paisaje que les da sentido.
-A mediados de 2027 Chile deberá presentar a la Unesco un informe sobre los avances en la salvaguardia de la alfarería de Quinchamalí y Santa Cruz de Cuca. Sin embargo, en los últimos años algunas artesanas han manifestado su descontento por el incumplimiento de compromisos, llegando incluso a plantear acciones contra el Estado. ¿Cómo avanza la elaboración de este informe?
-La primera actividad que realicé en esta visita a Ñuble fue reunirme con las alfareras de Quinchamalí, con quienes mantenemos una relación desde el proceso de postulación a la Unesco. Son comunidades vivas, con distintas opiniones y realidades, y eso también forma parte de la riqueza de este patrimonio. Me interesaba conocer directamente su evaluación del Plan de Salvaguardia y los compromisos asumidos. Conversamos sobre el acceso a las materias primas, la transmisión de conocimientos a las nuevas generaciones, la salud de las cultoras y la comercialización de sus productos. A veces se mira esta tradición desde una perspectiva folclórica, pero para estas familias la alfarería ha sido históricamente su sustento económico. En general, encontré una valoración positiva del trabajo realizado por el Estado, especialmente en talleres, difusión y apoyo al oficio. Por ejemplo, mediante gestiones del Servicio del Patrimonio se consiguieron dos camionadas de greda que, según las propias artesanas, permitirían abastecer su producción durante aproximadamente dos años. También existen conversaciones para acceder a otro yacimiento mediante un comodato. Sin embargo, reconocieron que persisten compromisos pendientes, principalmente aquellos que requieren coordinación con otras instituciones públicas, como Obras Públicas y los municipios. Ahí tenemos que mejorar nuestra capacidad de articulación para destrabar soluciones. Respecto del informe a la Unesco, estamos trabajando para entregarlo durante 2027. En noviembre tendremos una tercera sesión de la mesa de trabajo, donde revisaremos los compromisos y elaboraremos las recomendaciones que servirán de base para el documento. Para nosotros, la Unesco no debe entenderse solamente como una instancia de fiscalización, sino como una herramienta para mejorar las condiciones de salvaguardia a nivel local. No se trata de rendir cuentas para pedir permiso o perdón, sino de aprovechar ese respaldo internacional para avanzar en la protección efectiva de este patrimonio.
-Visitó los trabajos de recuperación del mural de Julio Escámez. ¿Qué le pareció lo que pudo observar?
-Me parece totalmente alucinante. Durante el segundo gobierno del Presidente Piñera me tocó visitar este lugar, cuando todavía era una suposición que el mural estuviera ahí. Hoy encuentro que es una maravilla, especialmente por el compromiso del municipio, que ha destinado recursos permanentes a su conservación, algo bastante inédito. Creo que el desafío no termina con la limpieza. También debemos estudiar cómo recuperar las partes faltantes de la obra y, más adelante, evaluar la demolición del altillo para restituir la altura original del salón y permitir una apreciación completa de los murales. Eso puede tomar varios años, pero estoy seguro de que como Ministerio acompañaremos el proceso. Aquí lo fundamental es reconocer el enorme valor artístico de Julio Escámez, independientemente de su posición política. El arte trasciende las coyunturas y estas obras magníficas merecen ser recuperadas en toda su dimensión.
-El proyecto de Presupuesto 2027 contempla recortes para el Ministerio de las Culturas. ¿Cómo afectarán estos ajustes al patrimonio y, particularmente, al futuro Museo Regional de Ñuble?
-Hay que distinguir entre los fondos concursables y el funcionamiento permanente de nuestras instituciones. En patrimonio tenemos aproximadamente dos tercios de los funcionarios del Ministerio, pero solo un tercio de su presupuesto, porque nuestra labor está concentrada en el cuidado de museos, archivos, bibliotecas y colecciones. Los fondos concursables representan apenas el 5% de nuestros recursos y es precisamente ahí donde se concentran los ajustes, especialmente en el Fondo del Patrimonio y el de bibliotecas. Son disminuciones importantes que hoy se están discutiendo en el Congreso, pero el funcionamiento del resto de nuestros servicios prácticamente no se ve afectado. En infraestructura patrimonial, en cambio, el escenario es distinto. Si se aprueba el presupuesto propuesto, tendremos aproximadamente un 10% más de recursos en 2027 respecto de 2026, considerando también los fondos de arrastre de proyectos anteriores. Y aquí quiero destacar algo: el Museo Regional de Ñuble es uno de nuestros dos proyectos prioritarios de infraestructura para el próximo año, junto con la ampliación del Museo Histórico Nacional en Santiago. Así de importante lo consideramos y así lo hemos defendido presupuestariamente. Actualmente estamos trabajando en la obtención de los permisos de edificación. Nuestra expectativa es realizar la licitación durante 2027 y comenzar la construcción en el último trimestre de ese año, idealmente entre noviembre y diciembre. El plazo estimado de construcción es de 810 días, por lo que proyectamos terminar la obra arquitectónica durante el primer trimestre de 2030. Después vendrá una segunda etapa, correspondiente a la licitación y ejecución de la museografía y el equipamiento, que podría tomar entre un año y medio y dos años adicionales. Hay que entender que estos proyectos no nacen de un día para otro. Son iniciativas que atraviesan distintos gobiernos y requieren continuidad. Eso es precisamente lo que ocurre con el Museo Regional de Ñuble: es una obra de largo plazo que queremos dejar encaminada para que finalmente la región cuente con esta infraestructura patrimonial.




