Señor Director:
A raíz del lamentable accidente automovilístico que terminó con la vida de un joven de 23 años la noche del sábado, un medio de comunicación local e independiente posteó en redes sociales un video en el cual se podía observar con morbosidad el cuerpo de la víctima en el suelo.
En minutos, dicho video acumuló miles de visualizaciones. Sin embargo, me cuestiono: ¿hasta dónde llega el morbo de la audiencia y la ansiedad digital de saber las consecuencias de un hecho? Porque sabemos que existe una delgada línea entre informar con detalles a la comunidad lo ocurrido y aprovechar el impulso del morbo sensacionalista para ganar popularidad. Esa delgada línea la llamamos ética.
¿Aún existe la ética mediática en casos tan delicados como este? ¿Dónde está el respeto por la víctima y sus familiares? Podemos buscar a los culpables y a la vez solo encontrar inocentes. La sociedad y su accesibilidad al contenido pueden ser los agravantes del problema, así como también lo puede ser un error del emisor y del receptor.
Esta tragedia acabó con la vida de una persona y también con una parte de la sociedad que aunque la buscamos, cada vez se hace más difícil identificarla: la compasión.
Alinne Toro
Periodista




