Señor Director:
En atención al debate sobre la decisión de Iansa, de cerrar la planta procesadora de remolacha, hecho que nos invita a reflexionar sobre el negocio agrícola. ¿Veamos, quien protegió o bien, qué institución se ocupó de los fruteros cuando el kiwi ya no fue negocio y muchos tuvieron que arrancar las matas de este fruto? Más recientemente, los cereceros han sufrido significativas pérdidas principalmente (no exclusivamente) por la baja de precio del mercado chino. Para qué comentar lo ocurrido con las plantaciones de arándanos.
A su turno, los agricultores deben convivir con las plagas, el tiempo, la escasez de agua y un sinnúmero de dificultades que son parte de trabajar con seres vivos. Otro apunte, la industria alimentaria ha venido sufriendo una verdadera revolución durante los últimos 30 años, obligando a adaptar sino innovar tanto en el manejo de los cultivos incorporando tecnologías como en las formas de gestionar el campo. Frente a este escenario, han existido (o no) múltiples tratativas de mitigar los riesgos relatados, incorporado seguros, bandas de precios, créditos “blandos” y otros incentivos de fomento, los que excepcionalmente han ayudado solo a un grupo de agricultores.
En consecuencia, invito a pensar seriamente en una política de desarrollo agrícola que permita al agricultor convivir con los riesgos naturales de cualquier negocio. A mayor abundamiento, sugiero que nuestros diputados y senadores, se hagan cargo y trabajen unidos junto a los agricultores, en tanto Ñuble es y será una región agrícola y requiere con urgencia que este tema se tome realmente con la profundidad que nuestros ñublensinos necesitan.
Robinson Vera Calderón
Ingeniero Comercial




