Fue un partido de esos que parecen tener dueño hasta que el fútbol decide escribir otra historia. Ñublense estuvo a segundos de celebrar un triunfo de enorme valor en La Florida, pero un penal sancionado en la última acción del encuentro terminó sellando un 2-2 ante Audax Italiano, dejando en la escuadra chillaneja una mezcla de orgullo por lo realizado y la amarga sensación de haber dejado escapar dos puntos.
Sobre el sintético del Estadio Bicentenario de La Florida, los Diablos Rojos salieron decididos a golpear primero y lo consiguieron rápidamente. Apenas corrían nueve minutos cuando Manuel Rivera apareció en el área para definir con categoría y establecer el 1-0. El atacante se convirtió desde temprano en una de las figuras de un Ñublense que mostró personalidad para disputar un encuentro intenso, de ida y vuelta, y con espacios para ambos lados.
Audax reaccionó y comenzó a encontrar terreno por las bandas. La presión ofensiva de los locales terminó dando frutos antes del descanso, cuando Michael Vadulli conectó un preciso cabezazo para superar al arquero chillanejo y establecer el 1-1.
El complemento mantuvo la misma tónica. Ambos equipos buscaron desnivelar y los entrenadores movieron sus piezas con una clara vocación ofensiva. Ñublense no renunció al partido y encontró su premio cuando el encuentro ya ingresaba en territorio de infarto.
A los 92 minutos, una mano dentro del área audina derivó en penal para la visita. Desde los doce pasos, Matías Plaza no falló y volvió a ponerse en ventaja. El festejo rojo fue inmediato: los jugadores se abrazaron conscientes de que el reloj jugaba a su favor y que el regreso al sur con los tres puntos parecía cada vez más cercano.
Pero el fútbol tenía reservada una última vuelta de tuerca.
Cuando se disputaba la última acción del compromiso, con el tiempo de descuento ya superado, el árbitro, Mathias Riquelme, sancionó penal tras una caída de Diego Coelho en el área, decisión que generó molestia en el banco y en los jugadores de Ñublense. Con la presión de toda La Florida sobre sus hombros, César Pinares tomó el balón y ejecutó con absoluta precisión para decretar el 2-2 definitivo.
El pitazo final encontró a los chillanejos con las manos en la cabeza. El triunfo estuvo ahí, al alcance, pero se esfumó en cuestión de segundos.
Manuel Rivera, autor del primer gol y una de las figuras del encuentro, resumió el sentir del camarín tras el desenlace: quedó “el sabor amargo del empate”, aunque también reconoció lo parejo que fue el partido.
Ñublense se llevó un punto, pero también la certeza de que estuvo muy cerca de llevarse mucho más.



