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Colegio Seminario Padre Hurtado cumple 128 años de historia marcada por la formación de líderes con vocación de servicio

La comunidad del Colegio Seminario Padre Alberto Hurtado se prepara para conmemorar, durante agosto próximo, sus 128 años de historia, consolidándose como una de las instituciones educativas más antiguas y emblemáticas de Chillán.

Se trata de uno de los establecimientos católicos más importantes de Chillán, que a lo largo de su trayectoria ha formado a miles de estudiantes, en lo académico y espiritual. Su misión ha sido formar líderes cristianos, a la luz del evangelio, teniendo como principal referente a San Alberto Hurtado, patrono del colegio.

“A lo largo de más de un siglo hemos vivido profundas transformaciones sociales, educativas e históricas, y en todas ellas hemos mantenido lo esencial: la vocación de servicio y el compromiso genuino con las nuevas generaciones”, destacó la rectora del establecimiento, Rommy Schälchli.

Sus raíces

El recinto nació bajo el alero de la Diócesis de Concepción, tras la solicitud del párroco de Chillán, Vicente las Casas y Galván. Sus esfuerzos rindieron frutos y en el 25 de enero de 1898 se fundó el Seminario Sagrado Corazón de Jesús en Chillán, siendo nombrado como rector el padre Las Casas. Este establecimiento fue el precursor directo y la primera encarnación del actual colegio.

Entre sus principales hitos, se destaca el traspaso de la administración a la Compañía de Jesús, el 3 de enero de 1944, cuando asume su primer desafío: la construcción de un edificio de tres pisos en el centro de Chillán que culminó en 1945, donde hoy se emplaza el colegio Bicentenario Padre Alberto Hurtado.

Además, de la adquisición de un terreno de 11 hectáreas en el sector de la Colonia Bernardo O’Higgins, destinado a la construcción del “Estadium San Ignacio” que tendría como finalidad la distracción y el esparcimiento de 80 alumnos que se encontraban en ese entonces ocupando el internado que existió donde hoy se emplaza el estadio del colegio.

Uno de los principales sellos que dejaron los jesuitas en la historia del colegio fue la formación integral de los alumnos, tanto en lo académico como social, una tradición que se mantiene hasta el presente. En 1945, la compañía recibió a los dos primeros novicios egresados de la institución educativa.

Durante el período jesuita, el colegio experimentó un alza en las matrículas, pasando de 474 alumnos, bajo la rectoría del Padre Arteaga, a 934 ,durante el periodo del Padre Escobar.

Sin embargo, el año 1970 marcó la trayectoria del colegio, ya que por primera vez ingresaron alumnas a tercero medio, transformándose en un establecimiento mixto.

La administración jesuita llegó a su fin en 1977 bajo el periodo del Padre Renato Hevia, quien entregó la administración a la Diócesis de Chillán, dirigida en aquel entonces por el obispo Francisco José Cox, concluyendo el traspaso definitivo el 06 de enero de 1978.

Bajo la diócesis de Chillán desde 1978

En el marco de la celebración del centenario, nació la Operación Padre Hurtado (OPH), actividad de carácter solidaria, organizada por la Pastoral, que convoca cada año a cientos de voluntarios para ayudar a los más necesitados.

Otro hito significativo ocurrió en el 2000 con el traslado definitivo de la comunidad desde el centro de la ciudad hasta su actual campus ubicado en Avenida Padre Alberto Hurtado, proceso que permitió ampliar su infraestructura y fortalecer su proyecto educativo.

Con el transcurso de los años, el recinto ha logrado consolidar su proyecto educativo y ser un aporte a la sociedad formando a miles de estudiantes en su historia.

“Aspiramos a que cada estudiante que pase por estas aulas encuentre aquí las herramientas para construir su proyecto de vida y aportar positivamente a la sociedad. Porque queremos seguir siendo, para Chillán y para la Región de Ñuble, ese lugar donde nuestros estudiantes entran para aprender y salen para servir”, expresó Rommy Schälchli.

En la actualidad el establecimiento atiende a más 2.100 estudiantes, desde prekínder hasta IV medio, situándose entre los principales establecimientos educacionales de la Región de Ñuble.

“Más que el número, lo que realmente nos define es el tipo de educación que ofrecemos: una propuesta que busca desarrollar todas las dimensiones de la persona, integrando aprendizaje, formación valórica, deporte, cultura, espiritualidad y compromiso social. Porque creemos que un buen estudiante no es solo aquel que sabe mucho, sino aquel que sabe quién es y para qué vive”, enfatizó la rectora.

De cara al futuro, la autoridad académica aseguró que la proyección de la institución es seguir siendo un referente educativo que avanza en el fortalecimiento de los aprendizajes.

La rectora sostuvo que uno de los principales desafíos será fortalecer el vínculo entre las familias y la comunidad educativa.

“Los mejores resultados siempre llegan cuando existe una relación genuina de confianza, diálogo y corresponsabilidad. Las familias son las primeras educadoras de sus hijos, y nosotros queremos ser su aliado más cercano: acompañarlas, escucharlas y convocarlas a ser parte activa del proyecto educativo de sus hijos”, valoró.

También la rectora apuntó a la necesidad de contribuir en la formación de ciudadanos digitales responsables.

“Nuestra responsabilidad como educadores va mucho más allá de enseñar a usar herramientas tecnológicas. Necesitamos formar estudiantes con pensamiento crítico, capacidad de discernimiento ético, conciencia sobre el cuidado de su privacidad y habilidad para poner la tecnología al servicio del bien común”, subrayó.

La sostenibilidad y proyección institucional del colegio será determinante en el quehacer institucional.

“Impulsando iniciativas que nos permitan mejorar continuamente la experiencia educativa, responder a las necesidades reales de las nuevas generaciones y proyectar con responsabilidad el futuro de nuestra comunidad”, declaró Rommy Schälchli.

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