En 2001, durante un viaje por Santiago, el estadounidense Noah McMahon se detuvo frente a una pintura que le resultó imposible ignorar. No conocía el nombre de su autor, tampoco su trayectoria ni el lugar que ocupaba dentro de la historia del arte chileno. Solo sabía que quería llevársela.
Era joven y terminó comprándola con una tarjeta de crédito cuya deuda, reconoce, no estaba en condiciones de pagar. Aquella decisión impulsiva fue el comienzo de una historia que se extendería durante los siguientes 25 años y que lo llevaría a reunir cerca de 300 obras de Arturo Pacheco Altamirano, pintor nacido en Chillán y una de las figuras fundamentales de la pintura chilena del siglo XX.
“No sabía su nombre, ni su historia, ni lo que Chile había olvidado de él. Solo sabía que la luz de esa tela se sentía como un lugar en el que nunca había estado y que, sin embargo, extrañaba”, recuerda McMahon.
Desde aquel encuentro comenzó una búsqueda que con el tiempo dejó de ser únicamente el interés personal de un coleccionista. La adquisición de nuevas pinturas, la investigación sobre el artista y el descubrimiento de distintas etapas de su producción transformaron aquella fascinación inicial en un proyecto de rescate patrimonial. “Veinticinco años después sigo detrás de ese primer cuadro. Chile me dio una educación que nunca pedí y que aún no termino”, afirma.
McMahon se desempeña profesionalmente asesorando a familias y fundaciones sobre la manera de realizar donaciones y desarrollar acciones filantrópicas. Aunque en su casa conserva otras piezas adquiridas junto a su esposa, asegura que la colección dedicada a Pacheco Altamirano es la única que ha formado de manera consciente y sistemática.
El trabado de catalogación, restauración e investigación de las 300 piezas reunidas está hoy en manos de un equipo chileno encabezado por Carola Musalem, directora de la colección, además de investigadores, especialistas e instituciones vinculadas con la preservación del patrimonio artístico.
Una parte importante de la colección podrá ser conocida en la exposición “Pacheco Altamirano: redescubrir a un maestro”, que se presentará entre el 5 de septiembre y el 1 de noviembre de 2026 en el Museo de Bellas Artes de Valparaíso, Palacio Baburizza. La muestra, con curatoría de Pedro Maino, reunirá cerca de 200 obras pertenecientes a APA Collection y será una de las exhibiciones más amplias dedicadas al artista.
La exposición será acompañada por un catálogo de investigación que documentará las obras y el proceso de rescate patrimonial desarrollado durante más de dos décadas. También se proyecta la realización de un documental sobre el artista y la colección. Sin embargo, para McMahon la muestra de Valparaíso no representa la culminación del proyecto, sino su punto de partida. “Valparaíso es el comienzo. Sigo creyendo que está subvalorado y siento la responsabilidad de ayudar a que se le celebre como corresponde”, asegura.
Después de Valparaíso, parte de la obra viajará durante 2027 al Museo Regional de Aysén, permitiendo que el trabajo del artista pueda ser conocido también por el público de la Patagonia. Paralelamente, el equipo mantiene conversaciones con instituciones chilenas para organizar una retrospectiva completa en 2028, cuando se cumplirán 50 años de la muerte de Pacheco Altamirano. La intención es reunir las diferentes etapas de su producción y presentar una mirada integral de su trayectoria.
La aspiración incluye que la obra pueda llegar a distintos lugares del país y que Chillán, ciudad natal del pintor y donde fue reconocido como Hijo Ilustre, forme parte de este proceso de reencuentro con su legado. No obstante, el proyecto no se limita a organizar exposiciones. McMahon insiste en que resulta indispensable construir una base académica que permita estudiar seriamente al artista y asegurar la conservación de sus obras. Por ello, el trabajo contempla procesos de catalogación, restauración, traducción e investigación realizados en Chile y por especialistas nacionales.
El coleccionista también espera que, en el futuro, las pinturas puedan presentarse en Estados Unidos y otros países, llevando la obra de Pacheco Altamirano a públicos que todavía desconocen su nombre. “Quiero que los estadounidenses y la gente de todo el mundo vean esta obra algún día, presentada por lo que es: un maestro chileno contando la historia del sur de Chile. Merece un público internacional. Yo solo estoy tratando de traerlo de vuelta”
Aquel cuadro adquirido impulsivamente en Santiago hace 25 años terminó convirtiéndose en la primera pieza de una colección y en el inicio de una tarea que McMahon ahora entiende como una forma de custodia temporal. “Si aparece el socio adecuado, dispuesto a comprometerse con eso, entregaré la colección completa. Soy el custodio temporal de algo que nunca fue mío. Chillán y Chile son sus dueños. Yo solo estoy tratando de traerlo de vuelta a casa”, remata




