Señor Director:
A través de este medio quiero visibilizar la frustrante realidad que se vive a diario en la sala de espera de urgencias del Hospital de Chillán.
Hace unos días presencié —y, lamentablemente, no es la primera vez— cómo usuarios con consultas no urgentes colapsaban el servicio. Sus acompañantes ocupaban todos los asientos disponibles, casi como si estuvieran en un picnic. Mientras tanto, al menos tres madres debimos esperar de pie con nuestros bebés en brazos, ante la nula empatía de los presentes.
Es muy fácil culpar siempre al sistema de salud a través de las redes sociales, pero rara vez hacemos una autocrítica sobre nuestra responsabilidad cívica. Si los servicios de urgencia estuvieran libres de consultas que corresponden a un SAPU o a un Cesfam, los equipos podrían brindar una mejor atención y llegar a tiempo a quienes realmente enfrentan una emergencia vital.
Hago un llamado a la comunidad a educarse sobre el buen uso de la red asistencial. Como alguien que cree profundamente en la salud pública, estoy convencida de que, para protegerla, debemos recuperar el sentido común y la empatía básica en las salas de espera.
Bárbara Sepúlveda Fontealba
Enfermera, Magíster en Gestión y Dirección Estratégica en Salud Usuaria y ex trabajadora del sistema público de salud




