Desde que en 2023, la Municipalidad de Quillón y la Universidad de Concepción aunaron voluntades y recursos para poner en práctica diversas investigaciones, en la Laguna Avendaño, ya se advierten avances en el control de las cianobacterias, pero la recuperación de su ecosistema todavía enfrenta desafíos.
Los estudios encabezados por investigadores de la UdeC registran una disminución cercana al 90% de estas microalgas, mientras los monitoreos realizados hasta ahora no han detectado coliformes fecales ni cianotoxinas. Sin embargo, determinar de dónde provienen los nutrientes que favorecen su proliferación sigue siendo una tarea pendiente.
El resultado representa una señal positiva para Quillón, comuna cuya actividad turística está estrechamente ligada a este cuerpo de agua.
De todas formas, los especialistas advierten que controlar las floraciones de cianobacterias no equivale a resolver la eutrofización, un proceso asociado al enriquecimiento del agua con nutrientes que puede favorecer el crecimiento excesivo de organismos acuáticos y deteriorar las condiciones ambientales.
Por ello, el trabajo desarrollado junto a la Municipalidad de Quillón entra en una etapa relevante: además de mantener el seguimiento de la calidad del agua y evaluar la efectividad de las medidas implementadas, se busca identificar las fuentes de nitrógeno y fósforo que llegan a la laguna y determinar cómo reducir sus aportes.
Recuperación pero no definitiva
Roberto Urrutia, profesor titular del Departamento de Sistemas Acuáticos de la Facultad de Ciencias Ambientales e investigador del Centro EULA de la Universidad de Concepción, explicó que “los análisis que hemos realizado, han sido efectivas en controlar la proliferación de estas microalgas”, cifrando la disminución en cerca de un 90%.
Las cianobacterias son microorganismos presentes naturalmente en ambientes acuáticos pero su proliferación puede generar floraciones y, en algunos casos, la producción de cianotoxinas perjudiciales para la salud de las personas y los animales.
Las boyas emiten ultrasonido para inhibir la proliferación de estos organismos. Su función, sin embargo, que actúa sobre las floraciones, no eliminan los nutrientes que favorecen su desarrollo. “Las boyas de ultrasonido no controlan el problema de eutrofización, sino que controlan la floración de microalgas”, precisó el investigador.
La diferencia es importante para comprender el estado actual de la laguna. Aunque la reducción de cianobacterias constituye un avance, el problema de fondo puede persistir si continúan ingresando nutrientes al ecosistema o si los sedimentos acumulados liberan aquellos que contienen.
“Esto es un control de los síntomas, no de las causas. Por lo mismo, los resultados obtenidos deberán contrastarse con los nuevos monitoreos de primavera y verano, períodos relevantes para observar el comportamiento de las cianobacterias y determinar si la disminución registrada se mantiene”, advierte.
Ni fecas ni cianotoxinas
Otro antecedente favorable corresponde a los análisis sanitarios realizados durante el seguimiento.
Según explicó Urrutia, los monitoreos efectuados hasta ahora no han detectado coliformes fecales, indicadores utilizados para evaluar la posible contaminación fecal del agua. Tampoco se ha detectado presencia de cianotoxinas en las muestras analizadas.
“Por lo tanto, el agua, desde el punto de vista sanitario, es apta para la recreación con contacto directo. Se podría decir que está más sana”, sostuvo.
Aunque los resultados disponibles son positivos para quienes utilizan la laguna para el baño y otras actividades recreativas, el seguimiento debe continuar.
Los monitoreos abarcaron la temporada comprendida entre la primavera y comienzos del otoño, y ahora se iniciará una nueva etapa de mediciones que se extenderá durante los próximos meses.
La continuidad de este trabajo permitirá observar las variaciones estacionales y disponer de nuevos antecedentes para evaluar las condiciones ambientales de la laguna.
El origen de los nutrientes
El equipo comenzará un estudio de balance de nutrientes destinado a determinar las fuentes que aportan nitrógeno y fósforo al ecosistema. Estos elementos son necesarios para el desarrollo de la vida acuática, pero su exceso puede favorecer la eutrofización.
Urrutia explicó que la laguna tiene características particulares respecto de sus aportes de agua. “No recibe directamente las aguas de un río y cuenta con un canal que aporta agua durante la temporada de verano. Entre sus principales vías de ingreso también se encuentran las precipitaciones y, probablemente, los flujos subterráneos” detalló.
Precisamente, establecer el origen y la magnitud de los aportes será fundamental para orientar las medidas posteriores.
Entre las hipótesis que deberán evaluarse figuran los aportes domiciliarios y la contaminación difusa asociada a las actividades humanas. Sin embargo, el investigador fue enfático en señalar que todavía no se han determinado las fuentes que más contribuyen al problema.
Tampoco se ha realizado, en el marco del trabajo descrito, un catastro específico de eventuales descargas domiciliarias.
“Eso todo tiene que ser evaluado para determinar cómo están funcionando los sistemas del alcantarillado y si hay algún tipo de fuente domiciliaria que esté llegando a la laguna”, indicó.
El balance permitirá establecer si los principales aportes provienen del entorno, de las aguas subterráneas, de los sedimentos u otras fuentes, información necesaria para definir qué medidas pueden tener mejores resultados.
El rol fiscalizador del municipio
Desde el municipio, el alcalde de Quillón, Felipe Catalán, sostuvo que se han desarrollado fiscalizaciones con apoyo de la Seremi de Salud y la Dirección General de Aguas (DGA), tanto en la ribera como en otros sectores de la laguna.
El jefe comunal afirmó que los procedimientos han incluido inspecciones subacuáticas con buzos y revisiones asociadas a puntos donde se extrae agua del cuerpo lacustre.
Según dijo, “se han cursado multas a personas que extraían agua sin autorización para regar pasto o llenar piscinas”. En cambio, aseguró que las fiscalizaciones realizadas no han detectado descargas de aguas servidas provenientes de viviendas.
El alcalde destacó que el propósito es mantener la laguna en buenas condiciones y complementar la fiscalización con inversiones destinadas a controlar los problemas ambientales.
Entre las medidas mencionó la extracción de biomasa vegetal, una intervención que busca retirar grandes cantidades de plantas acuáticas y contribuir al manejo de los nutrientes presentes en el sistema. Su efectividad deberá entenderse dentro de una estrategia más amplia, que incluya la identificación de las fuentes de aporte y el seguimiento de sus resultados.
Recursos para la recuperación
Catalán destacó que el municipio destinó $300 millones a la adquisición de las tres boyas ultrasónicas y valoró los resultados registrados en el control de las cianobacterias.
“Le hemos puesto todos los esfuerzos porque sabemos que la Laguna Avendaño es una reserva de humedad urbana de la Región de Ñuble que aporta al desarrollo turístico de toda la región”, afirmó.
El alcalde también anunció que el municipio iniciará un nuevo estudio con el Centro EULA para determinar de dónde proviene el agua que alimenta la laguna. Según explicó, “los recursos para desarrollar ese trabajo ya fueron aprobados por el concejo municipal”.
A ello se suma un proyecto presentado por el municipio y el Centro EULA al Gobierno Regional, por un monto cercano a los $300 millones, destinado a desarrollar nuevas obras de biorremediación.
Desde la UdeC, Urrutia explicó que existen opciones para disminuir la concentración de nutrientes, aunque algunas pueden requerir inversiones importantes. Entre ellas mencionó el dragado de sedimentos, que pueden constituir una fuente interna de nutrientes, además de determinados tratamientos químicos.
La prioridad, agregó, es identificar las fuentes de nutrientes y reducir sus aportes. Si eso no resulta suficiente, será necesario evaluar medidas adicionales para controlar los nutrientes acumulados en el propio ecosistema.
Un desafío compartido
El alcalde también planteó que la conservación de la Laguna Avendaño requiere una mayor participación de la comunidad, considerando su importancia ambiental y económica para Quillón.
A su juicio, las dificultades experimentadas años atrás contribuyeron a generar una mayor conciencia sobre la necesidad de proteger el lugar, aunque reconoció que todavía queda trabajo por hacer en materia de educación ambiental.
“Nos falta mucha educación todavía. Estamos trabajando esta corresponsabilidad, donde no solamente el municipio tiene que estar presente en el cuidado de la remediación, sino que es toda la comunidad”, manifestó.




