La madrugada del 27 de marzo de 1991 quedó marcada como una de las jornadas más dramáticas en la historia del turismo cordillerano de Ñuble. Un incendio de grandes proporciones consumió completamente el Hotel Las Termas Minerales de Chillán, dejando tras de sí las ruinas de un recinto que durante décadas había formado parte de la identidad turística de la zona.
La edición de La Discusión del jueves 28 de marzo dio amplia cobertura a la tragedia. Las fotografías mostraron un panorama desolador: estructuras destruidas, techumbres colapsadas y los restos ennegrecidos del antiguo hotel. El fuego se habría iniciado alrededor de las 5.20 horas, movilizando a voluntarios de Bomberos de Chillán.
Al momento del siniestro se encontraban alojadas en el establecimiento unas 70 personas, entre pasajeros y trabajadores. Pese a la violencia con que avanzaron las llamas, no se registraron víctimas fatales. La evacuación estuvo marcada por la acción de los propios funcionarios del hotel, quienes ayudaron a poner a salvo a los huéspedes. Entre ellos se encontraba incluso una persona que se movilizaba en silla de ruedas, según relató entonces el médico del establecimiento.
El gerente del entonces hotel, Edmundo Cea, comentó a La Discusión que el incendio se habría originado en el sector de reposo del personal. Las primeras indagaciones apuntaron además a la posibilidad de una acción deliberada. Un detenido, identificado en la información publicada por el diario como Alarcón Sandoval, de 21 años, habría reconocido haber recibido una llamada telefónica en la que se le habría solicitado lanzar sobre una alfombra una colilla de cigarrillo.
Las diligencias quedaron a cargo de la Sexta Comisaría de Chillán Viejo, mientras se desarrollaban peritajes de Bomberos destinados a establecer las causas definitivas del incendio y determinar la eventual participación de terceros.
La destrucción golpeó a un recinto estrechamente ligado al desarrollo turístico de la cordillera. El complejo se levantaba en el sector de Las Termas, a los pies del volcán Nevados de Chillán, sobre un terreno cordillerano de unas 1.500 hectáreas pertenecientes a la Municipalidad de Chillán. A lo largo de los años había pasado por distintas remodelaciones y modalidades de concesión.
En 1989, el empresario Eduardo Ibáñez Tillera anunció una millonaria licitación internacional para impulsar una nueva etapa de explotación del balneario durante el invierno y el verano. También se estudiaban iniciativas privadas para construir departamentos en terrenos municipales próximos al hotel. El incendio interrumpió abruptamente aquellas expectativas de modernización.
El alcalde de Chillán de la época, Rosauro Martínez Labbé, puso el acento en las consecuencias humanas y laborales de la tragedia. La pérdida del hotel, sostuvo, significaba un enorme daño para la explotación turística, pero también dejaba a numerosos trabajadores enfrentados a la incertidumbre. Desde el municipio se anunció la realización de gestiones para buscar alternativas laborales para quienes habían perdido su fuente de trabajo.
Cuando las llamas finalmente fueron controladas, poco quedaba del antiguo Hotel Las Termas. Las imágenes publicadas por La Discusión reflejaron la dimensión de la tragedia: un edificio emblemático reducido prácticamente a cenizas y una comunidad enfrentada a la pérdida de uno de sus principales referentes turísticos.




