Las cifras del mercado laboral regional vuelven a encender las alarmas. Con una tasa de desocupación de 11,8%, Ñuble no solo registra el desempleo más alto del país, sino que alcanza su segundo peor resultado desde la crisis provocada por la pandemia, cuando en el trimestre mayo-julio de 2020 llegó a 12,1%.
Detrás de ese porcentaje hay miles de personas y familias que enfrentan dificultades para encontrar trabajo, sostener sus ingresos y proyectar sus condiciones de vida. También hay una señal persistente de las debilidades de la estructura productiva regional, que sigue mostrando dificultades para generar empleo en cantidad y calidad suficientes.
La comparación con el promedio nacional es elocuente. Mientras Chile registró una desocupación de 9,8%, Ñuble llegó a 11,8%, una brecha de dos puntos porcentuales que vuelve a situar a la región en el último lugar del país. Más preocupante aún es que, en 12 meses, el número de personas ocupadas disminuyó 2,2%, mientras que los desocupados aumentaron 18,4%. La economía regional está perdiendo puestos de trabajo.
Las caídas en agricultura y pesca, con un retroceso de 23,8%, y construcción, con una disminución de 21,6%, son especialmente preocupantes. Ambos sectores tienen una incidencia relevante en la actividad económica de Ñuble y en la generación de oportunidades laborales, particularmente fuera de los principales centros urbanos. La contracción de la enseñanza, que también registró una baja de 10%, completa un escenario que exige analizar las causas sectoriales del deterioro y adoptar medidas concretas.
Tampoco puede ignorarse la situación de las mujeres. Su tasa de desocupación llegó a 12,8%, por encima del 11% registrado entre los hombres. La brecha revela que las dificultades de acceso al empleo no afectan a todos por igual y que las políticas de reactivación deben considerar las barreras que enfrentan las trabajadoras para incorporarse y permanecer en el mercado laboral.
A esto se suma una informalidad que alcanza al 32,5% de los ocupados, seis puntos por encima del promedio nacional. Es decir, casi una de cada tres personas que trabaja en Ñuble lo hace sin las condiciones de protección y estabilidad asociadas al empleo formal. La tasa combinada de desocupación y fuerza de trabajo potencial, que llega al 24%, ofrece otra dimensión de la magnitud del problema.
Frente a este escenario, la región necesita algo más que programas de capacitación o iniciativas aisladas de intermediación laboral. Se requiere una estrategia de desarrollo productivo capaz de traducirse en inversiones, nuevos emprendimientos y empleos estables. La agricultura necesita avanzar en mayor industrialización y agregación de valor; la construcción requiere continuidad en la inversión pública y condiciones que favorezcan nuevos proyectos privados; y el sector servicios debe encontrar oportunidades para ampliar su capacidad de contratación.
El Gobierno Regional, los municipios, los servicios públicos y el sector privado tienen responsabilidades complementarias en esta tarea. También resulta indispensable que las políticas nacionales de fomento productivo y empleo consideren las particularidades de una región que, por sus características demográficas y económicas, enfrenta desafíos mayores que otros territorios.




