La energización de los aerogeneradores del Parque Eólico Chequenes, en Pemuco, marca un hito para Ñuble. Por primera vez, la región se incorpora a la generación eólica a gran escala, abriendo una oportunidad para diversificar su matriz productiva, atraer inversiones y aprovechar un potencial energético que podría convertirse en uno de los pilares de su desarrollo durante las próximas décadas.
El proyecto de Engie Chile contempla una inversión de US$228 millones, 22 aerogeneradores y una capacidad instalada de 165 MW. Una vez que entre en operación comercial, podrá generar electricidad equivalente al consumo de cerca de 100 mil hogares y evitar la emisión de unas 40 mil toneladas de CO₂ al año.
Chequenes es el primero. Otros siete proyectos eólicos cuentan con aprobación ambiental en Ñuble y representan, en conjunto, una potencia nominal de 1.197,3 MW y una inversión estimada de US$1.618 millones. A ellos se suman iniciativas en evaluación y una cartera de al menos 15 parques en distintas etapas de desarrollo. Si una parte significativa de estos proyectos logra concretarse, la región podría adquirir un papel mucho más importante en la generación eléctrica nacional.
Esta perspectiva tiene implicancias que van más allá de la producción de energía limpia. La llegada de inversiones de esta magnitud puede dinamizar la economía local, generar empleos durante la construcción y operación, ampliar la demanda de servicios especializados y fortalecer las condiciones para el desarrollo industrial. Una región que busca superar sus brechas de productividad necesita aprovechar sus ventajas y construir nuevas oportunidades sin renunciar a sus vocaciones agrícola, forestal y agroindustrial.
El entusiasmo debe ir acompañado de realismo. De los siete proyectos que ya cuentan con resolución de calificación ambiental favorable, ninguno está actualmente en construcción. La distancia entre obtener una aprobación y materializar una inversión revela que el desafío no termina con la evaluación ambiental. La permisología, la judicialización de proyectos y, especialmente, las limitaciones de la infraestructura de transmisión siguen condicionando el futuro de esta industria.
La línea de transmisión Itahue-Hualqui y las subestaciones Las Delicias y Coiquén son parte de las obras que pueden resultar determinantes para habilitar nuevas iniciativas. Sin capacidad para transportar la electricidad generada, el potencial eólico corre el riesgo de permanecer como una promesa. Por eso, la planificación energética debe avanzar coordinadamente con las inversiones en transmisión, anticipándose a la demanda futura y evitando que la falta de infraestructura se convierta en un obstáculo permanente.
También será fundamental que el desarrollo de estos parques se realice con respeto por las comunidades, el entorno natural y las actividades productivas existentes. La participación temprana, la información transparente y una adecuada evaluación de los impactos son condiciones necesarias para construir legitimidad social y dar estabilidad a las inversiones.
Chequenes demuestra que la generación renovable a gran escala es posible en Ñuble. El desafío ahora es transformar ese primer paso en una política de desarrollo de largo plazo, capaz de convertir los recursos naturales de la región en oportunidades concretas para sus habitantes.



