A ocho años de la creación de la Región de Ñuble, el balance de la sociedad civil, colegios profesionales y gremios locales revela una transformación que completó su primera etapa, pero que hoy exige una profunda revisión.
La promesa de la autonomía administrativa trajo avances innegables, como un incremento directo en los presupuestos locales, el impulso a obras emblemáticas como el nuevo Hospital Regional y una inédita cercanía con las autoridades que puso fin a la histórica dependencia de Concepción.
Sin embargo, tras casi una década de funcionamiento, el entusiasmo inicial choca con una cruda realidad territorial e institucional. Desde los diversos sectores representados en este especial surge un diagnóstico común, que apunta a que la descentralización se quedó estancada en las cuatro avenidas de Chillán, y el abandono de las zonas rurales de las 21 comunas. A esto se suma la persistente dependencia de las decisiones de Santiago, el déficit de dotación en los servicios públicos y la falta de capacidad resolutiva de las autoridades regionales.
Gobierno e institución
“Mayor institucionalidad regional. La instalación de Seremis, direcciones regionales y otros organismos públicos permite que numerosas materias puedan gestionarse y resolverse en Ñuble, sin la dependencia que antes existía respecto de Concepción. Para nosotros esto significa mayor cercanía con la autoridad y un conocimiento más directo de los organismos ante los cuales debe representar los intereses de sus clientes”, plantea Carla González, presidenta del Colegio de Abogados de Chillán.
La abogada destaca también que se permitió fortalecer el sistema de justicia regional y abrir nuevos ámbitos de ejercicio profesional, además de favorecer la retención de profesionales jóvenes.
Si bien advierte que ya hubo una instalación de la estructura regional, “ahora debemos consolidarla, con servicios públicos suficientemente dotados, mayores capacidades técnicas, recursos y facultades para resolver en Ñuble los problemas de Ñuble”.
Desde la ANEF, el diagnóstico es bastante más crítico. Luis Andrés Vidal sostiene que “los servicios públicos jamás llegaron a instalarse completamente, permaneciendo la centralización de casi todo el aparato público en la capital regional de Chillán y algunos escasos servicios en San Carlos”.
El dirigente asegura que existe “un déficit mínimo de 317 cargos faltantes en el sistema público”.
Una mirada similar plantea Sebastián Flores, presidente del Colegio de Arquitectos de Ñuble, aunque reconoce el avance que significó contar con una agenda regional. “Creo que el gran acierto ha sido la instalación de una agenda regional, donde podemos hablar de regiones, de contenido y poder tener acá instalados servicios y unidades estratégicas que antiguamente estaban en Biobío”.
Sin embargo, advierte que esa mirada todavía no alcanza a todo el territorio. “Toda esta mirada todavía no se ha logrado instalar en las provincias”. A su juicio, persisten problemas de gestión, recursos y centralización. “Yo creo que no es una sola variable, son varias las que explican este retraso”, sostuvo.
Territorio e infraestructura
Para Humberto Llanos, presidente de la Asociación de Taxibuses de Chillán, la creación de Ñuble sí significó avances concretos. “Creo que lo principal ha sido el crecimiento y la transferencia de recursos a iniciativas propias de Ñuble”.
Como ejemplo menciona el programa Renueva Tu Micro. “Dejamos de ser el patio trasero del Biobío, pasamos de $500 millones a $3.500 millones de presupuesto, para el cofinanciamiento en la renovación de buses”.
También destaca mejoras en el transporte urbano, con incorporación de cámaras, GPS, sistemas de recaudo, aplicaciones y buses de mejor estándar. Pero identifica una deuda en infraestructura vial. “Las brechas siento que aún pasan por la descentralización y dependencia del nivel central en la toma de decisiones”.
La distancia entre la capital regional y sus sectores rurales aparece con especial fuerza en el testimonio de Esther Quiñonao, vicepresidenta del Cosoc de Chillán.
“Yo vivo a exactamente 12 minutos de la ciudad, porque yo soy del sector rural. ¿Y por qué quise ser parte del Cosoc? Porque el sector rural siempre está como abandonado”.
Su propio sector es un ejemplo: “Soy del Parque Lantaño, vivo a 12 minutos de Chillán y en el sector todavía no hay agua potable”.
Agrega que “entonces, uno piensa y dice, guau, ¿y qué pasa con el resto de la región si nosotros estamos a 12 minutos de la capital regional?”.
Pedro Lagos, presidente de la Unión Comunal de Juntas de Vecinos de Chillán, reconoce avances en salud, educación, transporte, pavimentación y agua potable rural, además del financiamiento de proyectos comunitarios. Pero advierte que todavía existen proyectos emblemáticos pendientes.
“El Gobierno Regional ha estado más débil en la ejecución de algunos proyectos emblemáticos y que los vecinos llevan años esperando concretarse, como lo son el relleno sanitario, el paso bajo nivel Parque Lantaño, el parque Ultraestación y la nueva cárcel para Chillán”.
Dice que “las urgencias están claras”, pero las restricciones institucionales y presupuestarias han impedido materializarlas. A ello suma una participación ciudadana que considera insuficiente. “La participación ciudadana ha estado débil, a veces es un saludo a la bandera para cumplir con la ley y cuyos resultados no reflejan el verdadero sentir de urgencia que se vive en los distintos sectores”.
Resume, además, la demanda territorial en una frase: “Esperamos que eso se traduzca en desarrollo para los territorios de nuestra comuna de Chillán”.
Capital humano y servicios
El avance en infraestructura no necesariamente ha ido acompañado de una capacidad equivalente para entregar servicios.
Para el doctor Guillermo Pavés, presidente del Colegio Médico de Chillán, la nueva región permitió acceder a recursos para construir y mejorar centros de salud. “Estos proyectos en otras circunstancias tardan mucho en ser aprobados. El ejemplo más emblemático lo supone el nuevo Hospital de Ñuble, que recibió un importante impulso desde la creación de nuestra Región”.
Pero el desafío ahora está en las personas. “Más allá de la nueva infraestructura, han faltado estrategias para que, a nivel regional, contemos con los equipos humanos que nos puedan otorgar esta capacidad resolutiva”.
El doctor apunta a programas de capacitación y especialización, además de estrategias para atraer y retener especialistas, considerando el envejecimiento, la pobreza y la alta ruralidad de Ñuble.
En educación, Rodrigo Herrera, presidente del Colegio de Profesores de Chillán, tiene una evaluación mucho más crítica. “Realmente, lo que se ha avanzado ha sido muy poco. Lo positivo es que tenemos la Seremi de Educación acá en la ciudad, podemos acercarnos, conversar, solicitar alguna entrevista, reuniones. Solamente eso. Nos ahorra el viaje a Concepción”.
A su juicio, la creación de los Servicios Locales de Educación Pública agregó nuevas dificultades. “La región sigue dependiendo absolutamente de Santiago. Así es el problema”
Herrera asegura además que en comunas rurales existen establecimientos con graves problemas de infraestructura y que no se produjo la adaptación de planes y programas a la realidad local: “Nosotros seguimos trabajando con lo que dicta Santiago, con los planes de estudios desde Santiago. No hay cambio”.
Desde la perspectiva de los adultos mayores, Daniel Balmaceda, presidente de la Unión Comunal de Adultos Mayores de Chillán, valora el aumento de recursos y el fortalecimiento de las organizaciones.
Pero identifica una brecha especialmente compleja: “La gran brecha que tenemos es el apoyo a adultos mayores de la ruralidad”.
La distancia, la locomoción y la concentración de servicios en las ciudades dificultan el acceso. A ello se suma la brecha digital: “Debe haber a lo mejor un 20% de los adultos mayores que se manejan algo en el tema digital”.
También menciona la salud. “Debería haber una fluidez mejor para la atención de adultos mayores en el tema de salud. En todo aspecto, hospitales, Cesfam, horas médicas, todo eso. Y faltan geriatras que estén apoyando a los adultos mayores”
Productividad y peso politico
El balance más crítico proviene del mundo agrícola. Para el agricultor Alfredo Schmidt, la separación del Biobío no ha significado beneficios para su sector.
“Así como están las cosas en este momento, de avances o aciertos no podría mencionar ninguno. Porque estamos con los mismos problemas más agudos y más graves de cuando pertenecíamos al Biobío. No hemos ganado absolutamente nada”.
Schmidt sostiene que han disminuido las superficies de siembra y que el apoyo a la agricultura ha sido prácticamente nulo. A su juicio, la nueva región incluso perdió escala económica.
“Cuando dependíamos del Biobío teníamos más recursos. ¿Por qué? Porque el PIB, cuando venía de la gran región del Biobío, que es una tremenda región, de alguna manera subvencionaba a Ñuble, que hoy es una región pobre”.
Su conclusión es tajante: “Entonces, en ese sentido, es poco lo que hemos ganado” y apunta directamente al peso político de la región. “Yo he tenido reuniones con los seremis, con el delegado presidencial, puras palabras, puras fotos, puras cosas, pero el peso político de Ñuble es muy bajo. Los seremis acá son meros intermediarios de lo que pueda hacer Santiago, no tienen —en absoluto— capacidad resolutiva”, remata.
Ocho años después de la creación de Ñuble, los diagnósticos no son idénticos. Hay quienes destacan la institucionalidad, los recursos, la infraestructura y la cercanía con las autoridades; otros cuestionan que esos avances todavía no hayan conseguido modificar las desigualdades territoriales, fortalecer los servicios públicos ni entregar mayor capacidad de decisión.
En lo que sí coinciden varias de las voces consultadas es en que la etapa siguiente será distinta a la primera.
Como plantea Carla González, “los primeros ocho años fueron fundamentalmente de instalación”. El desafío, ahora, es “la consolidación: más inversión, mejor infraestructura, mejores empleos, instituciones fortalecidas y un desarrollo territorial más equilibrado”.




