Señor Director:
Hablar de bullying y convivencia escolar exige mirar más allá de lo que ocurre entre estudiantes. Detrás de cada conflicto existe una comunidad de adultos —familias, docentes y equipos directivos— que tiene la responsabilidad de acompañar y entregar herramientas para que niños y adolescentes aprendan a relacionarse con respeto.
Las cifras muestran que es un desafío para todo el sistema educativo. Durante 2025, la Superintendencia de Educación recibió más de 22 mil denuncias y cerca de tres de cada cuatro estuvieron relacionadas con convivencia educativa. Más que buscar responsables, estos datos deben invitarnos a preguntarnos qué podemos hacer mejor.
El bullying es un fenómeno complejo. Abordarlo requiere escuchar, actuar oportunamente y trabajar de manera coordinada entre familias y colegios. No todos los conflictos constituyen acoso escolar, pero todos pueden ser una oportunidad para enseñar empatía, respeto y formas saludables de resolver diferencias.
En ese aprendizaje, los adultos somos fundamentales. Niños y adolescentes observan cómo reaccionamos ante un problema, cómo expresamos nuestro desacuerdo y cómo tratamos a otros cuando estamos molestos.
Construir una buena convivencia requiere confianza, diálogo y colaboración. Prevenir el bullying es una tarea compartida y nuestro ejemplo es, probablemente, una de las herramientas educativas más poderosas que tenemos.
Hans Hansen




