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Expectativas versus realidad: la visita de Kast a Ñuble que dejó más símbolos que anuncios

Mauricio Ulloa

La primera visita de José Antonio Kast a un acto del 20 de Agosto tenía una carga de expectativas difícil de resolver en una agenda de pocas horas.

El 248° aniversario del natalicio de Bernardo O’Higgins no era solamente una ceremonia republicana: para la región constituía la primera oportunidad de medir, en terreno, cuánto espacio tendría Ñuble en la agenda del nuevo Gobierno.

Kast encabezó el desfile cívico-militar en Chillán Viejo, reivindicó el legado de O’Higgins, habló de deber, autoridad, instituciones y visión de Estado, y posteriormente protagonizó la primera tronadura del futuro embalse Zapallar. Pero no inauguró una obra terminada ni entregó la batería de anuncios regionales que distintos actores esperaban.

Así, la jornada dejó una imagen difícil de ignorar: Kast llegó a una región que esperaba certezas sobre infraestructura, empleo, salud, seguridad y agua, pero su principal mensaje fue que gobernar implica pensar más allá del presente.

Una visita con expectativas altas

La controversia por la duración del tradicional desfile ya había anticipado que la visita sería observada con especial atención. La intención inicial de reducir la actividad provocó el rechazo del alcalde de Chillán Viejo, Jorge del Pozo, quien defendió el carácter ciudadano de una ceremonia que la comuna considera parte esencial de su identidad.

Finalmente, el desfile mantuvo su protagonismo y el episodio funcionó como una primera señal política: el territorio no estaba dispuesto a que la conmemoración de O’Higgins se transformara simplemente en un acto protocolar administrado desde Santiago.

Alcaldes, parlamentarios, agricultores, gremios de la salud, profesores y autoridades regionales habían instalado una lista de asuntos pendientes. El Hospital Regional, la nueva cárcel, el aeropuerto, la infraestructura deportiva, los embalses, el empleo y la reconversión agrícola aparecían como materias capaces de transformar la visita en algo más que una fotografía republicana.

Pero el discurso presidencial eligió otro camino.

O’Higgins como espejo político

Kast convirtió la figura de O’Higgins en una plataforma para exponer su propia concepción de gobierno. No utilizó la ceremonia para enumerar proyectos para Ñuble, sino para construir un relato basado en convicciones, deber, autoridad, instituciones y fortaleza frente a la adversidad.

“Las verdaderas naciones, las verdaderas políticas nacionales, no pueden pensar solamente en la próxima semana, en una próxima encuesta o en el próximo titular. Tenemos que pensar en la próxima generación”, sostuvo.

La frase sintetizó el discurso y también permitió leer la visita completa. El Presidente hizo explícita la distancia entre una región que esperaba anuncios inmediatos y una administración que intenta presentar sus decisiones como parte de un proyecto de más largo aliento.

El problema es que las regiones evalúan esa promesa con criterios menos abstractos. En Ñuble, pensar en la próxima generación significa también saber cuándo estará operativo el hospital, cuándo habrá una nueva cárcel, cuándo avanzarán efectivamente las grandes obras hídricas y qué instrumentos existirán para enfrentar el desempleo y la transformación agrícola.

La paradoja de Zapallar

El principal hito material fue la primera tronadura del embalse Zapallar. La imagen era potente: el Presidente activando la detonación en el lugar donde se levantará una obra esperada durante décadas por agricultores.

El proyecto contempla una inversión cercana a US$158 millones, capacidad para almacenar 80 millones de metros cúbicos y una superficie de riego estimada en 10 mil hectáreas, beneficiando directamente a más de 2.000 productores de El Carmen y San Ignacio.

Pero la puesta en escena también mostró sus límites. Zapallar ya había tenido una primera piedra y su desarrollo ha enfrentado autorizaciones y observaciones, entre ellas las vinculadas a hallazgos arqueológicos.

La tronadura tiene valor simbólico, pero no equivale a una obra terminada ni al agua disponible para los agricultores.

Kast agregó otra señal política al afirmar que no le interesa cortar la cinta y que Zapallar no es obra de un gobierno, sino del Estado. “No vamos a cortar la cinta de ninguno de esos proyectos”, señaló respecto de las iniciativas pendientes.

La frase reivindica la continuidad del Estado, pero también admite que el horizonte de estas obras excede el período presidencial. En una región que lleva décadas escuchando hablar de La Punilla, Zapallar y otros proyectos hídricos, una tronadura es importante, pero no suficiente.

La actividad, además, generó cuestionamientos ambientalistas. Mientras el Gobierno presentó Zapallar como infraestructura estratégica para la seguridad hídrica, alimentaria y productiva, sus críticos pusieron el foco en los impactos sobre ecosistemas, territorio y cursos de agua.

La visita no resolvió esa discusión. La hizo más visible.

Estrechez fiscal y expectativas regionales

Otro elemento relevante fue la advertencia presidencial sobre el escenario económico. Kast reconoció que los grandes proyectos enfrentarán un período de estrechez fiscal, explicación que ayuda a entender por qué la visita no estuvo acompañada por una batería de nuevas obras.

El mensaje es coherente con una administración que busca instalar responsabilidad fiscal y priorización del gasto, pero genera una tensión inevitable en Ñuble.

La región necesita inversión pública porque buena parte de sus proyectos estratégicos -infraestructura hídrica, sanitaria, penitenciaria, aeroportuaria y deportiva- depende de decisiones presupuestarias nacionales y regionales.

La estrechez fiscal puede ser una explicación técnica, pero políticamente también opera como límite.

El Presidente pide paciencia y mirada de largo plazo. Ñuble pide cronogramas.

Ausencia de anuncios se volvió noticia

Las críticas opositoras fueron inmediatas. El diputado Felipe Camaño expresó su decepción por la falta de compromisos concretos, y Francisco Crisóstomo lamentó que la primera visita presidencial no incluyera una obra emblemática.

Pero la expectativa no pertenecía exclusivamente a la oposición. El gobernador Óscar Crisóstomo había planteado preocupaciones por empleo e inversión; la senadora Loreto Carvajal había advertido sobre el hospital; y el senador Gustavo Sanhueza, aunque valoró Zapallar, puso sobre la mesa el siguiente desafío: La Punilla.

Existe, por tanto, una expectativa regional transversal.

Y la ausencia de anuncios terminó convirtiéndose en un hecho político en sí mismo.

Hospital, cárcel y aeropuerto

Probablemente ningún proyecto permite medir mejor la distancia entre expectativas y realidad que el Hospital Regional de Ñuble.

El edificio está prácticamente terminado, pero su puesta en marcha requiere recursos permanentes para contratar personal y asegurar su operación. La brecha cercana a 1.300 cargos advertida por los trabajadores convierte al hospital en una prueba concreta para el Gobierno.

La expectativa no estaba puesta en una fotografía presidencial frente al edificio, sino en una definición sobre su financiamiento. La visita no entregó esa respuesta.

Algo similar ocurre con la nueva cárcel de Chillán. El hacinamiento y la ubicación del actual penal convierten al proyecto en una prioridad especialmente significativa para un Gobierno que ha situado el orden público entre sus principales ejes. Sin embargo, tampoco hubo un anuncio concreto.

El aeropuerto fue otra ausencia. Para una región que busca conectividad, inversión y mayor capacidad productiva, una infraestructura aeroportuaria de mayor estándar forma parte precisamente de esa visión de largo plazo que Kast reivindicó en su discurso.

La política de los símbolos

Kast hizo algo coherente con el tono político que busca imprimir a su administración: evitó apropiarse de obras iniciadas bajo gobiernos anteriores, reivindicó el Estado por sobre los gobiernos y utilizó una ceremonia histórica para hablar de autoridad, instituciones y deber.

Su intervención fue políticamente ordenada.

Pero Ñuble no esperaba únicamente un discurso de Estado. Esperaba saber qué ocurrirá con proyectos concretos.

El Presidente consiguió instalar su relato nacional y evitó que la ceremonia se transformara en una lista de peticiones regionales. Lo que no consiguió fue transformar esa narrativa en una agenda territorial igualmente visible.

El gesto de Chillán Viejo

En medio de esa ausencia, hubo una petición local que sí logró instalarse en la agenda presidencial. Jorge del Pozo entregó personalmente a Kast la solicitud para declarar feriado nacional el 20 de agosto.

La iniciativa busca elevar la conmemoración del natalicio de O’Higgins desde una tradición local a una fecha de alcance nacional y se proyecta hacia el programa “O’Higgins 250”, de cara a 2028.

El alcalde aseguró haber recibido una buena acogida y que el Presidente dejó abierta la posibilidad de continuar conversando.

No fue un anuncio, pero sí una señal política directa.

La piscina que llegó un día después

El contraste entre expectativa y realidad quedó todavía más claro 24 horas después. Mientras Kast pasó por Ñuble sin anunciar la concreción de la piscina semiolímpica de Chillán, el ministro del Deporte, Ricardo Riveros, llegó a la región y comprometió respaldo al proyecto.

La iniciativa lleva más de cinco décadas entre los sueños pendientes de la comunidad deportiva y contempla una inversión cercana a $10 mil millones, mediante financiamiento del IND, municipio de Chillán y Gobierno Regional.

No significa que la piscina esté construida. Pero el gesto ministerial entregó el tipo de señal concreta que diversos actores esperaban durante la visita presidencial: escuchar, comprometer apoyo y establecer una ruta de financiamiento.

El episodio también abre otra interpretación: quizás La Moneda pretende reservar las definiciones sectoriales para sus ministros y evitar que una ceremonia republicana se convierta en una feria de anuncios.

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