Señor Director:
En 2015 Michelle Bachelet impulsó el SAE con la promesa de una educación más justa y de calidad. Diez años después, se ve el desastre que hizo la expresidenta en la materia.
Durante décadas, los liceos emblemáticos fueron un ascensor social. El mérito permitió a miles de jóvenes acceder a educación de excelencia y abrirse camino hacia las mejores universidades del país.
Hoy eso no ocurre: en el Liceo N°1, las alumnas de 2° medio pasaron de 312 puntos Simce en Matemática en 2016 a 240 en 2025, por debajo del promedio nacional. La violencia, además, obligó a suspender las clases presenciales.
Cuando el azar reemplaza al mérito y los colegios de excelencia se debilitan, corregir no es retroceder. La reforma al SAE que hoy avanza en el Congreso es una oportunidad para recuperar lo que nunca debimos perder.
La igualdad no consiste en detener el ascensor social, sino en lograr que más jóvenes puedan subir.
Arlette Sarai San Martín Ramos
Exalumna javierina




