Señor Director:
La Plaza de Armas de Chillán, sin lugar a dudas forma parte del patrimonio escénico, histórico e identitario de la ciudad y sus habitantes. Los chillanejos pretendemos establecer una relación dinámica y vibrante con esa herencia, dándole un conveniente valor y uso. Importa dar oportunidades para que las personas se conecten con la naturaleza y proporcionar beneficios de bienestar y salud a las mismas. La Plaza de Armas y su entorno inmediato, contienen en materia arquitectónica y escultórica valiosas piezas que deben estar a resguardo (entre ellas un Monumento Histórico Nacional). Tales rasgos se contraponen con las actividades masivas o “fiestas costumbristas”, que se vienen desarrollando el último tiempo.
La “Fiesta de la longaniza “en particular, que se ha convertido en un evento en extremo multitudinario e intenso, con gran arraigo en los últimos años, con constante aumento de público e incluso con repercusión a nivel nacional. Genera efectos complicados de seguridad, manejo de basura, delincuencia y riesgo para el espacio y alrededores. Nuestra ex Plaza Independencia, nuestra ex Plaza O “Higgins, está siendo superada por usos de esta envergadura. Simplemente, no es para esta escala de celebraciones para la cual está destinada.
En buena parte, por la mala normativa con que se cuenta, con pautas permisivas; se ha facilitado el accionar de grupos de interés. De este modo, la falta de regulación efectiva podría terminar por dañar gravemente este importantísimo hito patrimonial de la ciudad. El patrimonio no se cuida ni se gestiona de modo automático. La normativa lo protege, pero eso no basta. También la autoridad y la ciudadanía organizada y de común acuerdo, debieran tomar la tarea. Hay que preservar nuestra Plaza de Armas como el centro neurálgico de la vida ciudadana y recuperarla como, un grato lugar de esparcimiento para niños, jóvenes y adultos.
Marcelo Moraga A.




