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El viaje es más importante que el destino

El poema “Ítaca” de Konstantino Cavafis (1863 – 1933) inspira el título de la columna. Tomando dicho pensamiento, no existen forma de acortar caminos para alcanzar el desarrollo. La región necesita vivir en plenitud la experiencia que genera el viaje hacia una mejor calidad de vida. En opinión del autor, una de las maneras de escapar de la trampa del ingreso medio en el que se encuentra atrapado  el sistema económico chileno.

En la década de los 90, el país creció a tasas notables y la pobreza se redujo a niveles que pocos fueron capaces de anticipar. Fue en ese período donde los agentes económicos fijaron como destino para Chile ser un país desarrollado. Lamentablemente, omitieron que, para lograr aquello, se requería involucrar a toda una población en un viaje lleno de complejidades y desafíos. Si bien, el desarrollo del sector exportador auguraba un viaje sin complicaciones, la mayoría de los sectores económicos del país no tenía los medios ni las capacidades para acometer dicha travesía. Desde el punto de vista de la cruzada, para conducir a las regiones del país hacia el destino señalado, se requería de un nivel de energía que en Chile no existía ni tampoco hubo la precaución de acumular. Los planes y programas beneficiaron principalmente a los agentes intermediarios, sin lograr que la población avanzara hacia el desarrollo.

La Región de Ñuble enfrenta un dilema. Según el Censo 2024 uno de cada tres habitantes vive en zonas rurales – con un mayor índice de envejecimiento – mientras que la Conurbación Chillán que representa el 6% del territorio concentra el 44% de la población. Con estas cifras, cualquier estrategia de desarrollo presenta desafíos de una magnitud enorme, donde el viaje es tanto o más importante que el destino.

En los sectores rurales existe insuficiente nivel de inversión en sectores industriales para que se utilice la materia prima que entregan las pequeñas unidades productivas en el suelo agrícola. Una de las razones, se debe a que la región no cuenta con la infraestructura crítica para atraer nuevas inversiones. En efecto, los caminos rurales son intratables para el transporte seguro de la fruta fresca, existe escasez de agua y baja capacidad de almacenamiento, faltan líneas de transmisión para abastecer de energía eléctrica los proyectos industriales y, para rematar, existe una precaria capacidad entre los pequeños agricultores para acumular capital social.

Por ello, es imperativo que la política pública se concentre en lo que tiene que hacer y no adonde quiere llegar. En este sentido, en lo macro, se necesita materializar las inversiones para levantar las barreras de acceso al agua y la energía, se requiere mejorar la conectividad para el tránsito seguro de la materia prima a los centros industriales y/o de acopio, se requiere desarrollar la industria de los servicios y se requiere un trabajo administrativo y legislativo para disponer de un paquete de políticas de estímulo para la atracción de inversiones agroindustriales. En lo micro, se requiere de equipos de profesionales multidisciplinarios para conformar grupos de microempresas que estén en condiciones de eslabonarse con la cadena de valor de la industria.

A nivel de la agricultura familiar campesina, se requiere levantar grupos de transferencia tecnológica para establecer contratos de abastecimiento de materia prima a la industria de los alimentos. Es decir, se debe trabajar arduamente en estrategias y tácticas para recorrer un camino que no tiene atajos, trayecto el cual la población debe estar preparada para enfrentar.

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