Los resultados del Índice de Calidad de Vida Urbana (ICVU) 2025 vuelven a instalar una señal que no es nueva, pero que sí resulta cada vez más urgente: Chillán, Chillán Viejo y San Carlos muestran un avance insuficiente en variables clave para el bienestar de sus habitantes. Más que retrocesos abruptos, lo que se observa es un estancamiento persistente.
El ICVU, elaborado por la Cámara Chilena de la Construcción junto al Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Universidad Católica, mide dimensiones estructurales que van desde las condiciones laborales hasta el ambiente de negocios. Y es precisamente en estos ámbitos donde se evidencian las principales alertas para Ñuble.
En Chillán Viejo, el deterioro del ambiente de negocios durante la última década es significativo. La caída desde niveles altos a bajos es un dato estadístico que refleja un dinamismo económico que pierde fuerza. La disminución en el crecimiento de ventas de las pymes —de 6,61% a 0,90%— y la menor atracción de nuevas empresas son señales de un ecosistema que requiere reactivación. Si bien aún existe actividad económica, la tendencia apunta a una desaceleración que, de no abordarse, puede consolidarse.
En Chillán el foco está puesto en las condiciones laborales. El aumento de la tasa de desempleo, que pasó de 8,56% a 10,28%, junto con su baja en la calidad y estabilidad, evidencia un mercado laboral tensionado. El empleo no solo define ingresos, sino que incide directamente en la calidad de vida, el acceso a servicios y las oportunidades de desarrollo.
El diagnóstico no es de colapso, sino de inmovilidad. Chillán se mantiene en un rango medio bajo en calidad de vida urbana, lo que habla de una ciudad que no cae, pero tampoco logra avanzar. Esa zona gris es, quizás, la más desafiante, porque tiende a normalizarse.
Frente a este escenario, la insistencia en el trabajo colaborativo no es una necesidad. El rol del sector privado como aliado estratégico, tal como plantea la Cámara Chilena de la Construcción Ñuble, aparece como un factor relevante, especialmente en ámbitos como el fortalecimiento de pymes, la atracción de inversiones y la generación de empleo de calidad.
Sin embargo, el desafío es más amplio. Requiere de políticas públicas consistentes, de planificación territorial efectiva y de una articulación real entre formación y mundo productivo. La calidad de vida urbana no mejora por inercia: exige decisiones, coordinación y una mirada de largo plazo.
El ICVU 2025 no hace más que confirmar que Ñuble enfrenta una oportunidad crítica. Persistir en el estancamiento no es neutro; implica perder tiempo valioso en un contexto donde otras ciudades avanzan. La tarea no es solo revertir cifras, sino recuperar dinamismo y proyectar un desarrollo urbano que esté a la altura de las expectativas de sus habitantes.



