Señor Director:
El complejo volcánico Nevados de Chillán registró hace pocos días al menos siete pulsos eruptivos en una sola jornada y Sernageomin mantiene la Alerta Técnica Amarilla. Para quienes viven en Ñuble, noticias como esta se han vuelto habituales tras años de actividad del volcán y eso merece una reflexión.
La psicología del riesgo describe un fenómeno llamado sesgo de normalidad: cuando una amenaza se mantiene activa por mucho tiempo sin consecuencias graves, la mente deja de procesarla como peligro y la integra al paisaje. Es un mecanismo útil, porque nadie puede vivir en alerta permanente, pero también engañoso, porque reduce nuestra capacidad de reaccionar cuando el escenario cambia.
Las comunidades que conviven con volcanes han desarrollado históricamente relatos, ritos y señales para mantener viva la atención sin caer en el pánico. Hoy esa función la cumplen los reportes técnicos, los simulacros y la educación preventiva. Pero un informe solo protege si alguien lo cree y lo incorpora a sus decisiones.
La tarea pendiente no es asustar a la población, sino ayudarla a sostener una creencia razonable: que el volcán está vivo, que es monitoreado y que cada familia sabe qué hacer si la situación cambia. Entre la indiferencia y el miedo existe un punto intermedio que se llama preparación.
Germán Novas
Escritor e investigador independiente




