Señor Director:
Los hechos de violencia que afectaron a la ministra de Ciencia en su reciente visita a la Universidad Austral, en Valdivia, deben encender las alarmas no solo por la seguridad de las autoridades, sino por el estado de nuestra convivencia social básica.
Si recurrimos al magisterio de Manuel Antonio Carreño y su Manual de Urbanidad y Buenas Costumbres (1887), comprendemos que la visita es mucho más que un trámite; es un acto destinado a “fomentar y consolidar las relaciones amistosas” y a cultivar la consideración y el agradecimiento. Según Carreño, la buena educación se manifiesta precisamente en la capacidad de recibir al otro con respeto, independientemente de las diferencias.
Es doloroso ver cómo en una casa de estudios superiores —espacio que por esencia debería ser el faro del civismo en nuestras regiones— se olvida el deber de hospitalidad. Cuando la agresión reemplaza al saludo y la intolerancia al diálogo, se rompe el tejido que nos permite vivir en comunidad.
Como ciudadanos, no podemos permitir que se normalice el desprecio por las formas. Recuperar la urbanidad de Carreño no es un ejercicio de nostalgia, sino una necesidad urgente para que nuestras instituciones regionales vuelvan a ser lugares de encuentro y no de confrontación.
Juan de Dios Videla Caro




