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Una melodía que debe seguir sonando

Señor Director:

La educación rural resiste, vibra y se reinventa. En el sector Los Coligües, su escuela y comunidad educativa encarnan una vocación profunda por el aprendizaje de niños, niñas y adolescentes. En esta escuelita, que recibe a estudiantes desde NT1 hasta 8° básico en cursos combinados, conviven cerca de medio centenar de estudiantes provenientes de Quilmo Bajo, Pelehuito, El Quillay y también del área urbana. Allí, la alegría por aprender no es un eslogan: es un sonido. Un latido. Una melodía que se mezcla con melódicas, xilófonos, bajo, teclado, bombo, batería y la guitarra del profesor Antonio Hernández, músico y docente que ha convertido la sala en un pequeño escenario donde la educación se canta y se vive.

En Los Coligües, la música es un acto de resistencia. Es una voz que se alza con fuerza cuando los estudiantes entonan “Tren al sur”. Sus voces sencillas y honestas construyen una armonía que emociona e interpela: la educación rural tiene alma, identidad y un valor que no se mide en ranking ni matrículas. Este texto es un homenaje a cada directivo, docente, asistente, familia y vecino que sostiene esta comunidad. Porque la educación rural no se mantiene por inercia, sino gracias a personas que entregan lo mejor de sí, como el “profe Toño”.

Ñuble necesita escuchar esta melodía: la de las pequeñas escuelas que laten con resiliencia y empatía, que siguen siendo espacios de encuentro, sueños y futuro. La Escuelita Los Coligües nos recuerda que la educación rural es presente, es identidad y merece seguir sonando.

Ariel Cartes Moya

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