El debate por el Presupuesto 2027 ha instalado una discusión que Ñuble no puede observar desde la distancia. Mientras el Ejecutivo defiende que la inversión pública debe evaluarse considerando no solo los recursos del Gobierno Regional, sino también los que ejecutan los ministerios y servicios, desde el GORE se advierte que la reducción de su capacidad de inversión tendrá efectos concretos sobre obras, empleo y nuevas iniciativas. Ambas miradas contienen parte de la realidad, pero ninguna debería utilizarse para ocultar la pregunta fundamental: ¿cuántos recursos tendrá realmente Ñuble para enfrentar sus brechas?
El Ejecutivo destaca una cartera de 144 iniciativas sectoriales por $227.265 millones, además de proyectos como el Embalse Zapallar, conservación de caminos y el nuevo Complejo Hospitalario. Es razonable considerar estos recursos en la radiografía completa de la inversión regional. Sin embargo, que el dinero llegue a Ñuble no significa necesariamente que la región tenga la misma capacidad para decidir dónde y cómo invertirlo. Esa diferencia es relevante cuando se habla de descentralización y de un nuevo trato hacia los territorios.
El proyecto, afirmó el delegado presidencial, Diego Sepúlveda, contempla $85.141 millones para el GORE, un 6,8% menos que en 2026, mientras el gobernador Óscar Crisóstomo estima que la merma efectiva para inversión se acerca a los $11 mil millones. En una región que enfrenta un desempleo particularmente elevado, reducir la capacidad de inversión pública resulta, al menos, contradictorio con la urgencia de generar actividad y puestos de trabajo.
Más preocupante aún es que el ajuste no parece distribuirse de manera homogénea. Las críticas al recorte de 57,8% del programa Prodesal y de 66,4% del PDTI apuntan directamente a la pequeña agricultura, un sector estratégico para Ñuble y que reúne a miles de beneficiarios. No parece coherente hablar de cerrar brechas territoriales mientras se debilitan programas que precisamente llegan a quienes tienen menos capacidad para financiar por sí mismos sus procesos productivos.
El Congreso tiene ahora la responsabilidad de revisar estas cifras con una mirada regional y no como una suma de intereses partidarios. Ñuble necesita que los recursos sectoriales se ejecuten con oportunidad, pero también que el Gobierno Regional disponga de una capacidad de inversión acorde con sus necesidades.
El Presupuesto 2027 debe ser, en definitiva, algo más que un ejercicio contable. Debe expresar prioridades. Y en una región que sigue encabezando preocupantes indicadores de desempleo y mantiene profundas brechas rurales, esas prioridades debieran estar puestas en inversión, empleo, infraestructura y apoyo a quienes más necesitan del Estado.




