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Un catastro de daños urgente

Los efectos de los recientes sistemas frontales dejaron una nueva advertencia sobre la fragilidad de la Región de Ñuble frente a eventos climáticos extremos. Las intensas precipitaciones, inundaciones y desbordes provocaron daños que aún están en proceso de evaluación, afectando caminos, puentes, viviendas, infraestructura productiva y, de manera especialmente preocupante, al sector silvoagropecuario.

Ante este escenario, una de las principales urgencias debe ser que el Ministerio de Agricultura realice, con la mayor rapidez posible, un catastro completo de los daños registrados en la región. Antes de definir apoyos, recursos o instrumentos de recuperación, el Estado necesita contar con una radiografía clara y actualizada de la magnitud de la emergencia que enfrentan los agricultores y habitantes de las distintas comunas afectadas.

La ausencia de un levantamiento oportuno puede convertirse en un obstáculo para la recuperación. Sin información precisa sobre hectáreas afectadas, cultivos perdidos, infraestructura agrícola dañada, animales comprometidos y pérdidas económicas, resulta más difícil diseñar una respuesta adecuada y entregar las ayudas a quienes realmente las necesitan.

En este contexto, resulta cuestionable que Ñuble no haya sido incluida inicialmente entre las regiones declaradas bajo emergencia agrícola por el Ministerio de Agricultura, pese a los antecedentes disponibles sobre los efectos del sistema frontal en el territorio. La decisión generó críticas transversales desde distintos sectores políticos, quienes han advertido que los productores locales enfrentan una situación compleja que requiere una reacción rápida del Gobierno.

La declaración de emergencia agrícola no debe entenderse como un beneficio administrativo, sino como una herramienta para facilitar la llegada de recursos y acelerar la recuperación de quienes han visto afectada su capacidad productiva. Por eso, la primera tarea debe ser determinar con precisión la dimensión del daño para evitar que comunidades rurales queden fuera de los mecanismos de apoyo por falta de información o por una evaluación incompleta.

Dicho catastro que debe impulsar el Ministerio de Agricultura también debe considerar los daños en infraestructura vinculada al mundo rural, como caminos, canales de riego, bodegas, galpones y accesos fundamentales para la calidad de vida y la continuidad de las actividades productivas. La emergencia no se limita a la pérdida de cultivos; también compromete las condiciones necesarias para volver a producir.

La exclusión inicial de Ñuble del decreto de emergencia agrícola debe ser revisada a la luz de los antecedentes que entregue este proceso de evaluación. No se trata de exigir un trato especial, sino de asegurar que las decisiones del Estado respondan a la realidad del territorio y no a una mirada parcial de la emergencia.

Un catastro rápido, transparente y detallado es el primer paso para que las ayudas lleguen a tiempo y para que ningún agricultor de Ñuble sienta que quedó nuevamente esperando una respuesta.

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