Señor Director:
En Chile existe una falla sistémica grave en la prescripción de psicofármacos a niños neurodivergentes menores de 5 años. Y nadie rinde cuentas por ello.
Nuestro país no cuenta con estudios de prescribing cascade en pediatría: nadie mide cuántos fármacos se agregan para tratar los efectos adversos de los anteriores. La evidencia internacional, incluido un caso publicado este año en el Journal of Paediatrics and Child Health, demuestra que estos cascados ocurren en lactantes expuestos a polifarmacia y uso off-label, con consecuencias graves como fiebre persistente, neumonías por aspiración e internaciones innecesarias.
En Chile, sin embargo, la pregunta que ninguna autoridad responde es: ¿cómo un médico llega a prescribir antipsicóticos y psicoestimulantes a niños de 2 a 4 años diagnosticados con autismo? Muchos de estos fármacos están indicados para la adolescencia, no para la primera infancia. No conozco a ninguna familia que haya firmado un consentimiento informado previo, ni que el prescriptor haya notificado efectos adversos al programa de farmacovigilancia del ISP, como obliga el artículo 217° del D.S. N°3/2010 y reitera la Circular B35 del Ministerio de Salud de febrero de este año.
El silencio del ISP, la Superintendencia de Salud y el Colegio Médico no es neutralidad: es complicidad con una práctica que expone a niños vulnerables a riesgos no cuantificados. Urge que el Estado publique los prospectos de todas las farmacéuticas, exija consentimiento informado obligatorio y audite las prescripciones off-label en primera infancia.
Los niños neurodivergentes no son laboratorios abiertos.
Pía Francisca Calderón Farías




