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Tesoros vivos y Monumentos Nacionales olvidados: la paradoja patrimonial de la Región de Ñuble

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Mientras las loceras de Quinchamalí recorren ferias, exposiciones y programas de salvaguardia representando una de las expresiones culturales más reconocidas de Ñuble, emblemáticos inmuebles patrimoniales de la región continúan esperando restauraciones que llevan más de una década detenidas. La escena refleja una paradoja que se ha vuelto cada vez más evidente en el territorio: el avance sostenido del patrimonio inmaterial contrasta con la lenta recuperación, e incluso el abandono, del patrimonio material.

En los últimos años, la región ha fortalecido la difusión de sus tradiciones vivas mediante reconocimientos oficiales, festivales, declaratorias, rutas culturales y programas de apoyo a artesanos y cultores. Quinchamalí, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial y reconocido a través de sus maestras alfareras como Tesoros Humanos Vivos, se ha transformado en uno de los principales símbolos identitarios de Ñuble. Lo mismo ocurre con diversas expresiones campesinas, musicales y gastronómicas que hoy forman parte habitual de la agenda cultural regional.

Sin embargo, el panorama cambia al observar parte importante de los inmuebles patrimoniales de la zona. Edificios históricos dañados tras el terremoto de 2010 permanecen cerrados, deteriorados o atrapados en extensos procesos administrativos. Restauraciones anunciadas hace años siguen sin concretarse, mientras otros inmuebles enfrentan problemas de conservación, falta de financiamiento o ausencia de planes definitivos para su recuperación.

Uno de los casos más emblemáticos es la Capilla San Juan de Dios de Chillán. Aunque el proyecto avanzó en etapas técnicas y obtuvo aprobaciones institucionales, el inmueble continúa cerrado y a la espera de una intervención definitiva. Situación similar vive el complejo patrimonial de Los Carmelitas, cuya recuperación ha atravesado paralizaciones y nuevas evaluaciones técnicas pese a los anuncios realizados en distintos periodos.

En una región que ha construido parte importante de su identidad en torno a la memoria, la tradición y la reconstrucción posterior al terremoto de 1939, el debate sobre el cuidado patrimonial comienza a tensionarse entre aquello que se promueve y aquello que aún espera ser rescatado. Para especialistas y autoridades vinculadas al área, la diferencia entre el desarrollo del patrimonio inmaterial y el material responde a múltiples factores, entre ellos los altos costos de conservación, la propiedad privada de muchos inmuebles históricos y la falta de herramientas permanentes de financiamiento.

“El patrimonio material, en general, son obras de arquitectura de gran volumen que requieren una conservación muy costosa. Muchas veces pertenecen a privados que no siempre tienen un compromiso profundo con el valor patrimonial de sus edificios”, explica Claudio Martínez, arquitecto y director regional del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural.

A juicio del especialista, el caso del patrimonio vivo presenta condiciones distintas. “Las alfareras han logrado que su oficio sea también un medio de sustento y desarrollo económico. Además, cuentan con apoyo permanente del Estado y de otras organizaciones, lo que permite una sostenibilidad distinta”, sostiene.

Martínez advierte además que parte importante del patrimonio arquitectónico de Chillán enfrenta presiones inmobiliarias y problemas de rentabilidad urbana. “Si no existe regulación, muchas veces resulta más rentable demoler que conservar. En Chillán estamos viendo nuevamente cómo inmuebles patrimoniales desaparecen para transformarse en estacionamientos o nuevos edificios”, afirma.

“Las millones de personas que están saliendo este fin de semana a conocer el patrimonio material es un dato que todos tenemos que tener en consideración al momento de planificar los instrumentos regulatorios que protegen el patrimonio porque sí importa a la comunidad”, añade Claudio Martínez.

Desde la Municipalidad de Chillán, la encargada de la Unidad de Patrimonio, Karin Cárdenas, reconoce que la recuperación del patrimonio arquitectónico continúa siendo uno de los principales desafíos para la ciudad y la región. “La recuperación del patrimonio material requiere recursos mayores y también una gestión institucional capaz de apalancar financiamiento. Aun así, hemos desarrollado distintos proyectos para avanzar en su puesta en valor”, señala.

Entre las iniciativas en ejecución, destaca intervenciones en torno al patrimonio del agua en Santa Elvira y un nuevo proyecto destinado a visibilizar los Inmuebles de Conservación Histórica de la ciudad mediante placas de bronce y códigos QR con información técnica y planimétrica de cada edificio. “En junio comenzaremos la instalación de 20 placas en inmuebles históricos de Chillán, incorporando información sobre arquitectos, año de construcción y antecedentes patrimoniales accesibles para la comunidad”, explica.

La profesional añade que proyectos de restauración de gran escala, como Los Carmelitas, requieren esfuerzos que exceden las capacidades municipales. “Ahí se necesita una priorización regional y ministerial mucho mayor”, sostiene.

En la misma línea, el alcalde de Chillán, Camilo Benavente, asegura que la ciudad ha realizado avances importantes en la protección del patrimonio cultural, especialmente en el ámbito inmaterial. “Se ha hecho un trabajo relevante con las alfareras de Quinchamalí y con distintas expresiones identitarias de Ñuble”, afirma.

No obstante, reconoce que existen inmuebles históricos que continúan pendientes. “Tenemos infraestructura que está al debe, como el caso de Los Carmelitas o San Francisco, donde se requieren proyectos mayores y apoyo económico importante para preservar una ciudad con una arquitectura moderna única”, indica.

Edificios Públicos y ex Cine

La recuperación impulsada por el Gobierno Regional de Ñuble avanza desde la restauración material hacia un uso público activo. En la ex Corte de Apelaciones y el Cine O’Higgins, la memoria arquitectónica deja de ser un vestigio cerrado y vuelve a cumplir una función social, tal como lo explicó la secretaria ejecutiva de Ñuble, Camila Flores. En el primer caso, dos salones históricos, cada uno de cerca de 100 metros cuadrados, ya fueron habilitados respetando pisos, muros, lámparas y mobiliario original. La hoja de ruta suma conservación de fachada, cultura, ciencia y nuevas tecnologías para reconectar a Chillán con edificios que marcaron su historia.

“La intervención permitió recuperar dos salones que fueron salas de alegatos, cada uno de aproximadamente 100 metros cuadrados. El Salón Próceres ya opera como recinto de alta capacidad para reuniones de coordinación técnica entre el Gobierno Regional, municipios, universidades, ministerios y servicios públicos. Su habilitación también ha permitido recibir programas de impacto social como Gore Promesas Ñuble, incluyendo una muestra pública de para tenis de mesa”, explica Camila.

La recuperación continuará con un proyecto de conservación de fachada, orientado a detener el deterioro y devolverle prestancia a una construcción emblemática para Chillán. Ese paso proyecta la intervención más allá de la habilitación interior y consolida una estrategia para preservar valor arquitectónico y uso ciudadano.

“La misma lógica inspira la recuperación del Cine O’Higgins, reconocido por su valor en la memoria colectiva de la ciudad. Su propuesta busca proyectarlo como un espacio dinámico de cultura, conocimiento y encuentro comunitario, conservando su carácter patrimonial y su distintivo estilo Art Decó Tropical”, añade.

El futuro Cine O’Higgins incorporará una visión renovada de uso cultural y científico. La iniciativa contempla rescatar el edificio como un moderno cine 360° con tecnología mapping, junto con espacios destinados a la creación mediante estas herramientas. Así, el antiguo cine se perfila como una plataforma donde arte, ciencia y tecnología dialogan sin borrar la huella del inmueble.

“Con estas iniciativas, el Gobierno Regional instala una señal concreta: recuperar patrimonio no es únicamente reparar muros, sino devolver capacidad pública a edificios que condensan identidad”, finalizó la secretaria ejecutiva de Ñuble 250.

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