El próximo 11 de agosto, Diego Sepúlveda cumplirá seis meses como delegado presidencial regional de Ñuble.
Lo que inicialmente se proyectó como una instalación rápida del gobierno en la región terminó transformándose en una gestión marcada por episodios que, según diversas fuentes del oficialismo, han debilitado su posición política y administrativa.
El punto de inflexión más evidente fue la crisis del Hospital Regional de Chillán. La insistencia del delegado en la salida de la directora del establecimiento y las presiones ejercidas sobre el Servicio de Salud Ñuble para concretarla terminaron generando un efecto inverso: ambas reparticiones quedaron sin liderazgo oficial, abriendo un conflicto que trascendió el ámbito sanitario y alcanzó al propio Ejecutivo regional.
A ello se sumó otro episodio que golpeó su conducción: la autorización de una fiesta electrónica en Las Trancas, en plena emergencia regional provocada por el sistema frontal. La decisión fue ampliamente cuestionada por autoridades locales y actores políticos, quienes consideraron que el mensaje era incompatible con el despliegue institucional que exigía la contingencia.
El problema, sostienen dirigentes oficialistas, no se limita a errores puntuales. La evaluación que circula en distintos partidos es que Sepúlveda ha privilegiado una agenda personal, tensionando su relación con las colectividades que respaldan al gobierno, incluido el Partido Republicano. Esa percepción habría erosionado los espacios de coordinación política que son fundamentales para el funcionamiento del Ejecutivo en la región.
Un reemplazo que ya se comenta
En ese contexto, distintas voces del oficialismo afirman que la búsqueda de un reemplazante ya está en marcha. Aunque no existe confirmación oficial, el nombre que aparece con mayor frecuencia es el del seremi de Desarrollo Social, Alan Ibáñez (UDI), quien ha logrado mantener una relación más fluida con alcaldes, parlamentarios y dirigentes de la coalición.
El eventual cambio se explica no solo por el desgaste acumulado, sino también por la necesidad de enfrentar la etapa de reconstrucción, la ejecución presupuestaria y la preparación del ciclo electoral con una conducción política más estable.
El balance de estos primeros seis meses, sin embargo, no es completamente negativo. Entre los logros que el propio delegado reivindica está la ejecución de más de $52 mil millones por parte del Ministerio de Obras Públicas entre marzo y julio, además del destrabe de 4.748 subsidios habitacionales que permanecían pendientes. También destaca el despliegue territorial durante la emergencia, con presencia en las 21 comunas y coordinación con los municipios.
“Avanzar cuando hay gestión”
Sepúlveda rechaza que las críticas reflejen un problema de gestión. “En estos meses hemos demostrado con hechos que Ñuble puede avanzar cuando hay gestión y capacidad de ejecución”, afirma. Agrega que “esas cifras son parte de una gestión mucho más amplia, a la que se suma el despliegue que hemos sostenido durante la emergencia, con presencia en las 21 comunas, coordinación permanente con los alcaldes y un Gobierno central presente acompañando a la región”.
Respecto de los cuestionamientos políticos, asegura que no se desviará por las controversias.
“Hago mías las palabras del Presidente: todos los días hay ruido, polémicas y titulares que de poco sirven. Nosotros no nos vamos a distraer con eso”, sostiene. Incluso afirma que “todas las semanas tenemos comité político con los partidos de gobierno y estamos trabajando unidos, con claridad respecto de nuestras prioridades”.




