El rescate de un joven senderista lesionado en el sector de Las Bravas, en la comuna de Pinto, volvió a poner sobre la mesa una realidad que la Región de Ñuble conoce bien: la creciente actividad recreativa y deportiva en la cordillera exige fortalecer las capacidades de respuesta ante emergencias en montaña.
La operación desarrollada durante más de 12 horas por voluntarios del Socorro Andino y personal especializado de Carabineros merece reconocimiento y gratitud. En condiciones extremadamente complejas, marcadas por la oscuridad, las bajas temperaturas, la nieve, la roca suelta y fuertes pendientes, los equipos lograron estabilizar y evacuar al afectado de manera segura hasta ponerlo a disposición del SAMU. Una vez más, la vocación de servicio y el profesionalismo de quienes participan en estas labores permitieron un desenlace favorable.
Sin embargo, detrás de este exitoso operativo emerge una preocupación que no puede ser ignorada. La imposibilidad de contar con apoyo aéreo durante la emergencia obligó a realizar una extensa evacuación terrestre mediante camilla, prolongando significativamente los tiempos de traslado y aumentando la exposición al riesgo tanto para la víctima como para los rescatistas.
La cordillera de Ñuble se ha consolidado durante los últimos años como un destino cada vez más atractivo para el turismo de naturaleza, el senderismo, el montañismo y otras actividades al aire libre. Miles de personas visitan cada temporada sectores como Las Trancas, Shangri-La, Valle Hermoso, Aguas Calientes y diversas rutas de montaña. Esa creciente afluencia genera oportunidades para el desarrollo turístico, pero también demanda una infraestructura de seguridad acorde a la realidad actual.
Resulta razonable preguntarse si las capacidades de respuesta disponibles hoy son suficientes para enfrentar un escenario donde las emergencias se han vuelto cada vez más frecuentes. Solo durante este año, el Socorro Andino de Ñuble ha debido liderar siete operaciones de búsqueda y rescate por extravíos, fracturas, luxaciones y otros accidentes en zonas cordilleranas. La tendencia evidencia que ya no se trata de situaciones excepcionales, sino de una necesidad permanente que requiere planificación y recursos.
En ese contexto, el llamado realizado por los equipos de rescate para avanzar en la disponibilidad de medios aéreos especializados merece ser escuchado. No necesariamente implica mantener costosos recursos de manera permanente, pero sí establecer mecanismos regionales que permitan una respuesta más rápida cuando las condiciones lo exijan. En emergencias de montaña, los minutos pueden marcar diferencias sustanciales en el pronóstico de una persona lesionada.
Tan importante como fortalecer las capacidades de rescate es reforzar la prevención. El reciente operativo demostró la utilidad del registro obligatorio de excursionistas establecido en la ordenanza municipal de Pinto. Gracias a que el grupo había cumplido con este requisito, los equipos de emergencia contaban con información relevante sobre la ruta planificada, el número de participantes y los medios de contacto disponibles, optimizando la planificación del rescate y reduciendo los tiempos de respuesta.
Pese a ello, todavía existen visitantes que consideran este trámite una formalidad innecesaria. Los hechos demuestran exactamente lo contrario. Registrarse antes de ingresar a la montaña es una medida simple, gratuita y que puede resultar decisiva cuando ocurre una emergencia.




