Cada 1 de mayo nos invita a reflexionar sobre el trabajo y su evolución en el tiempo. Hoy, ese análisis ya no puede limitarse a revisar el binomio derechos y deberes laborales, sino que además requiere incorporar los cambios en las formas de empleo, la potente irrupción de la tecnología, las brechas de competencias y el desafío que implica lograr un desarrollo laboral en regiones como Ñuble.
De acuerdo con el Informe del Futuro del Empleo (Foro Económico Mundial, 2023), cerca del 44% de las habilidades básicas actuales cambiarán en los próximos años producto de la automatización, las nuevas necesidades y tendencias de la población y la IA.
Se espera, mucho más temprano que tarde, una transformación progresiva de los perfiles laborales, donde la adaptabilidad y el aprendizaje continuo comienzan a ser tan relevantes como la experiencia técnica y la trayectoria laboral.
El desafío de reconversión laboral enfrenta una realidad particularmente adversa. Según el INE, la tasa de desempleo es cercana al 8%, y relativamente cercana a la tendencia regional. Tal cifra responde en parte a dinámicas de empleo estacionales, dependientes de actividades agrícolas. Son empleos que no tienen proyección de desarrollo, y la única opción es capacitar a la población.
En el panorama actual ya no basta con reclutar y contratar. Se hace imperativo formar y reconvertir laboralmente a un sector importante de la población, entendiendo el contexto en que estamos y lo que se visualiza al corto plazo. Reconvertir, concepto clave que se va a repetir con frecuencia, es el proceso mediante el cual una persona adquiere nuevas habilidades y conocimientos para cambiar de trabajo o adaptarse a nuevas funciones, especialmente cuando su ocupación actual deja de ser viable o pierde valor en el mercado. No importa la edad, área de especialización o antigüedad en el puesto del trabajo. Hay que aprender y entrenar nuevas habilidades y talentos.
De acuerdo con los lineamientos de la OCDE en su informe Perspectivas Regionales 2023: las regiones que invierten en capital humano y aprendizaje continuo logran adaptarse mejor a los cambios económicos, independientemente de su nivel de desarrollo.
El reciente anuncio del gobierno sobre el plan de reconstrucción nacional y recuperación de empleos, debe ir acompañado de una estrategia clara de desarrollo de capacidades para el que el plan resulte al largo plazo. Claramente esto no ocurrirá automáticamente. Requiere de decisión, de inversión en formación y de un cambio de paradigma importante respecto de la gestión de personas.
El área de recursos humanos ya no funciona como una oficina que gestiona pago de sueldos o despidos, sino que debe ser estratégica y de desarrollo. En definitiva, para dar cumplimiento a este desafío, hay que articular esfuerzos sostenidos y planificados entre empresas, Estado, sociedad civil y centros de formación para generar oportunidades reales de movilidad.
Este primero de mayo plantea entonces una pregunta de fondo: ¿estamos preparando a las personas para los trabajos del futuro? La respuesta a esa pregunta definirá la calidad del empleo en Ñuble y su sostenibilidad a largo plazo.



